Cine Clase B: Robot-Jox (1989) dirigida por Stuart Gordon


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En 1986, Stuart Gordon venía de Re-animator, From Beyond y Dolls, que fueron un gran éxito, y se preparaba para crear un proyecto que lo acercaría al público en general alejado del terror. Por supuesto, la Empire International Pictures de Charles Band le proporcionó más dinero para que este nuevo título lo tuviera todo. Joe Haldeman (un autor de ciencia ficción) escribió el boceto de la película y, además, co-escribió el guión con el director, pero durante ese proceso las visiones de los dos fueron totalmente diferentes: Haldeman buscaba un film sci-fi serio y dramático con personajes creíbles y razonables, aprovechando sus conocimientos de soldado para los Estados Unidos, y Gordon quería algo más caricaturesco, lleno de estereotipos como un dibujo animado, aprovechando su fanatismo por la serie de animé japonesa Macross y Transformers (muy en boga por aquel entonces en todo el mundo). Varios meses después, Haldeman quedó afuera del proyecto pero, a los cuatro meses, recibió un llamado del director, convocándolo a los estudios de Empire en Italia para supervisar el film, ya que estaban teniendo problemas de guión en la pre-producción y necesitaban reescrituras.

A medida que pasaba el tiempo, el costo de la película fue aumentando, entre las filmaciones en Roma y las luchas de los maquetas-robots que el especialista en stop-motion David Allen desarrollaba en el desierto de Nevada. Los 90 días estipulados se convirtieron en un año, con lo cual la producción alcanzó los diez millones de dólares, el monto más grande que Empire puso para una película. Una repentina crisis económica, que perjudicó la moneda italiana, terminó por sellar el destino de la película. A esto se sumó la deuda con el banco Credit Lyonnais, que Empire no pudo pagar. El estudio se declaró en bancarrota en 1989 y el banco se quedó con Empire Pictures y las 11 películas que aguardaban en post-producción. Posteriormente, el estudio fue adquirido por Triumph Releasing, que tomó posesión de todo el material y lo co-distribuyó junto con Epic Films, subsidiaria de Columbia/Tristar.

Cuando Stuart Gordon se reunió con los nuevos dueños del film, para avisarles que por suerte iba a ser completado, el mundo había cambiado: el muro de Berlín había caído, la guerra fría estaba llegando a su fin y lo mismo estaba sucediendo con la serie de los Transformers. El título original iba a ser Robojox, sin la “t”, en homenaje a la expresión “fighterjox” de Top Gun, pero la productora Orion Pictures, durante la pre-producción, envió un aviso amenazando con iniciar una demanda judicial por el parecido del título con su Robocop, por lo que el título tuvo que cambiarse a Robot Jox.

De todos modos, el director afirma que le fue muy bien en el mercado del cable y del video, y que con el paso del tiempo fue cosechando nuevos fans. La música orquestal fue compuesta por Frédéric Talgorn, y Ted Nicolaou (luego conocido por ser director de la saga Subspecies) fue uno de los editores del film.

La historia, tomada de La Ilíada de Homero, remite a un futuro en el que la tierra está totalmente devastada y existen dos superpotencias: Mercado Occidental (representando a los norteamericanos) y la Confederación (la Unión Soviética) se disputan varios territorios fértiles en petróleo, minerales y otras riquezas a base de combates a muerte con robots gigantes piloteados por humanos, donde el ganador se queda con el terreno; Aquiles, el piloto estrella de Mercado, quiere retirarse, ya que no quiere pelear más por haber cumplido con su contrato, pero el disputado territorio de Alaska lo hará volver en su última pelea y así enfrentarse con el rudo Alexander, que lo provoca durante todo el film. Mientras se debate entre volver o no, unos humanos hechos en probeta por el gobierno, llamados tubícolas, entrenan para buscar el codiciado puesto de ser piloto del Robot Jox.

En Argentina, Filmmaker Video la editó en VHS y, posteriormente, la película fue emitida por el canal de cable Unovision.

— Federico Garzón Noguera

Cine: El Conjuro, el terror es real


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El género del terror siempre es considerado de menor calidad ante otros estilos. En parte se debe a que se basa en temas “no reales”, y en otra gran parte, porque se sacan pelis como chorizos de dudosa calidad. Entre tanta mediocridad, hace unos años empezó a destacar un nombre entre los demás: James Wan. El malayo lleva en su corta carrera un puñado de buenas películas de terror que lo destacan por sobre los demás, al grado que se está posicionando como alguien en quien confiar. Y con su nueva película vuelve a confirmar esta teoría.

Los Warren son una pareja que se dedica a exorcizar casas, personas y luchar contra entidades malignas. Debido a su fama son requeridos por los Perron, una joven pareja con cinco hijas que se muda a un nuevo caserón habitado por espíritus. Lo que ni los Warren ni los Perron sabían es que el ánima arraigado al lugar es más antiguo y malvado de lo que ellos podían imaginar.

Lo primero que puedo decir de la peli es que si buscan originalidad, se replanteen verla. La cosa no busca innovar ni sorprender. Y por eso tiene doble merito la película, porque a pesar de usar todos los clichés del género, hace un pastiche en el que todo se sostiene de forma equilibrada, coherente y creíble. Gran trabajo el de los guionistas en este aspecto.

Pero no solo por eso el guion es bueno. Si no que la forma en que esta construido y distribuidos los sustos es magistral. Lejos de usar imágenes repugnantes o tirar por el gore, la cosa es muy sutil y en tono in crescendo constante. Además que muchas veces las secuencias se preparan para el gran susto, y terminan en nada, haciendo que uno este expectante y tenso toda la peli, y que cuando finalmente llega el susto, se cague en las patas.

A esto hay que sumarle que Wan sabe filmar el buen guion que tiene entre manos. Lejos de los vicios del cine de terror del montón donde se abusa de la cámara parkinson o el uso del subidón de volumen para asustar; acá se busca la perfección visual con planos muy cuidados, jugando muchísimo con el fuera de campo ya sea sonoro o visual. Wan demuestra que a cada paso que da en el terror se supera como director. Y es que si Insidious era una película claustrofóbica y muy teatral, esta es aún peor (en el buen sentido).

La mala leche que desprende la peli desde el inicio, con esa historia de una muñeca que parece bastante colgada con la historia para luego ser uno de los momentos más terroríficos, es una muestra clara de lo que estoy hablando.

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Pero no solo la parte dirección es destacable, sino que también el resto del apartado técnico es sublime. Toda la acción está situada en los 70. La ropa, los peinados, el decorado, los autos y la forma de hablar, todo corresponde a esa época. De hecho hay un momento de un video casero que bien podría ser un archivo real de lo bien reconstruido que esta.

También hay que destacar el trabajo actoral. Empezando por lo complicado que debe ser dirigir cinco chicas de veinte años para abajo sin que ninguna caiga mal y dándole personalidad a todas, y pasando por los principales. Patrick Wilson parece haber encontrado el género y su director, mientras que la hermosa bella y talentosa MILF de Vera Farmiga vuelve a demostrar que es una de las actrices que en mejor estado (físico y actoral) esta. Ambos interpretan a los Warren de forma creíble, haciéndolos personas reales como cualquiera de nosotros. Y es que por eso la peli puede llegar a asustar tanto, porque todos los personajes, sus reacciones y forma de comportarse es la que tendría cualquiera de nosotros.

El Conjuro se postula como uno de los mejores films de horror del año (el primer puesto se lo sigo dando al remake de Evil Dead). Una película que verdaderamente da miedo, y que tiene una factura técnica y actoral que sería la envidia de “géneros más respetados”.

Y James Wan se termina de consolidar como el mejor director de este género. A su corta edad ya tiene en sus espaldas genialidades como SAW (la única buena de la saga), la nombrada Insidious y El Conjuro.

Si no lo conocían, síganle el rastro, y de paso, asústense con esta peli.

Un saludo durmiendo con la luz prendida.
Nota: 8
— Jorge Marchisio

Facebook: Yorsh A. Romero

Cine: Star Trek: Into Darkness, repercusiones de un universo reinventado


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Hace poco, en una de mis notas anteriores, hablé del trío Nolan, Snyder y Gayner y sobre el tema de resucitar o dar forma nueva a los clásicos. En esa nota en particular me referí a la nueva película de Superman. Hoy voy a resaltar el trabajo de J.J. Abrams, quien, como el trío ya mencionado, ha sabido rejuvenecer o darle un nuevo giro a una historia bastante conocida en el ámbito de la ciencia ficción.

Si bien la franquicia Star Trek es de larga data (nació en 1966), también es verdad que se caracterizó por su forma de contar historias de aventuras espaciales. Por un lado, estaba toda su dialéctica técnico-futurista (muchas referencias tenían relación con verdaderas hipótesis científicas e incluso varios aparatos que se mostraron en la serie inspiraron a fanáticos que luego, en la vida real, crearon aparatos similares) y por otro lado, su ambientación, en un futuro en el que reina la mentalidad pacifista (al menos, en el caso de los humanos), contrariamente a lo que sucedía en aquella época e incluso hoy en día, ya que dicha mentalidad es más utópica que real. Star Wars (su eterno rival) es más verosímil en la manera en que desarrolla sus conflictos, que no son tan intelectuales (por decirlo de una manera). Cuando nació la primer serie de Star Trek – hoy conocida como Star Trek: The Original Series – la misma fue de bajo presupuesto, por lo que duró tres temporadas hasta su cancelación en 1969. Aun así, una ferviente cantidad de fans la siguió (y continúa haciéndolo). Este grupo creció y permitió que la serie llegara a convertirse en una de las sagas de ciencia ficción más largas de la historia, gracias a sus spin-offs. Hasta la llegada de la serie Star Trek: Enterprise, capitaneada por Scott Bakula (actor muy conocido en el mundo del sci-fi) entre el 2001 y el 2005, no se volvió a cancela otra serie, a pesar de tener, en muchos casos, una audiencia fiel pero ajustada en cuanto al ranking.
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Por otro lado, el universo de Star Trek (incluso en las últimas dos películas) no deja de ser una crítica a la sociedad actual, algo muy común en la ciencia ficción, principalmente porque los protagonistas son de un futuro lejano y analizan “fríamente” nuestra época de la misma manera que nosotros revisamos y criticamos algo del siglo XV. (Un episodio donde se puede apreciar mucho este tipo de críticas es el último de la primera temporada de Star Trek: The Next Generation, “The Neutral Zone”). Otra de las particularidades de la serie es que su sociedad es de las más utópicas entre las franquicias más conocidas de la ciencia ficción, más aún si se la compara con la belicista de Star Wars. Los fanáticos de ambas sagas entienden que Star Trek es una aventura científica de exploración y desafío intelectual con una inclinación al pacifismo, mientras que Star Wars tiende hacia las guerras y fantasías épicas. Sin embargo, el pacifismo de la Federación no quita que en el universo de Star Trek haya peleas y batallas. Pero, por lo general, son peleas más de ideología que de otra cosa. El momento más belicoso en la saga de Star Trek ocurre durante la Guerra del Dominio, que se pudo apreciar en Star Trek: Deep Space Nine.

En fin, y terminando un poco el resumen del universo trekkie, curiosamente el director y responsable de este renacimiento de la franquicia, sobre el que hoy nos toca hablar, es un fanático declarado de Star Wars, a tal punto que Disney, que compró hace poco todo lo que tenga que ver con George Lucas, se empecinó con que J. J. Abrams, quien había dicho que prefería ver la próxima de Star Wars antes que dirigirla, cambiara de opinión (algo que efectivamente ocurrió). Viendo lo que hizo con Star Trek, creo que la inversión de Disney está en buenas manos.

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Star Trek: Into Darkness, la segunda película de Star Trek de Abrams, cumple con las expectativas y corrige algunas cosas de la primera. El nuevo ritmo de la saga y la onda Star Wars, heredados de la película anterior, todavía se sienten, pero todavía sigue teniendo el aire geek de Star Trek, a tal punto que hace un excelente homenaje-reconstrucción de la segunda película de la saga de Star Trek: TOS (Star Trek: La ira de Khan). Aquellos que vieron el anterior film de Abrams saben que hubo un evento espacio-temporal que modificó y reescribió toda la historia de Star Trek, a tal punto que cualquier modificación en la trama de los personajes es válida. Una maniobra inteligente, teniendo en cuenta que, a lo largo de todas las series y películas que la precedieron, los eventos temporales o dimensionales hacen acto de presencia a menudo. Incluso, hay dos o tres cosas en este universo que tratan de controlar dichos eventos temporales. Por un lado, existe una agencia que se dedica a registrar todos los eventos temporales en los que interviene el personal de la flota, como se ve en los episodios de Deep Space Nine; y por otro lado, se nota que en un futuro se determinan ciertas reglas o directivas para viajeros temporales, como se ve en Star Trek: Voyager y Star Trek: Enterprise. Pero también está el episodio “Mirror, Mirror,” que da un vistazo a los universos negativos de dichas series (Star Trek: The Original Series, Star Trek: The New Generation y Star Trek: Voyager) e incluso en Deep Space Nine logran un tipo de intercambio. Personalmente, estos episodios eran mis favoritos y tienen más relación con el universo propuesto por Abrams que los demás.

En esta nueva entrega, la nave Enterprise recibe la orden de regresar a casa y el capitán Kirk es destituido de su cargo, luego de violar la Directiva Primaria. Cuando una instalación secreta de la Sección 31 es bombardeada, Kirk, Spock y Christopher Pike, el nuevo capitán del Enterprise, se reúnen junto con otros comandantes de la Flota Estelar, cuando el responsable del ataque, el ex agente de la Flota Estela John Harrison, interrumpe el encuentro con una nave de ataque. Kirk logra destruir la nave, pero Pike muere durante el intercambio. Restablecido como capitán del Enterprise, Kirk se dedica a perseguir a Harrison, y pronto descubre su verdadera identidad.

De las cosas que solucionaron, con respecto de la anterior película, es que ya no hay tantas lucecitas molestas (los famosos destellos de lente o lens flare de J. J. Abrams) aunque la nave conserva los paneles y decoraciones súper-luminosos y el nivel de limpieza que roza lo maniático. De todas formas, lo más impactante de este cambio estético es la impresión que causa en quienes vimos las series anteriores, ya que realmente la serie es más sobria y no tan chic. El nuevo Kirk que encarna Chris Pine sigue siendo más entretenido, pícaro y molesto (en el bueno sentido, por momentos tiene toda la impronta del Kirk de Shatner), mientras que el personaje de Kahn que nos presenta Benedict Cumberbatch es soberbio y sorprendente (nuestro querido Sherlock nos demuestra que puede dejar más de un personaje memorable). Zachary Quinto, si bien no tiene la cara alienígena de Nimoy, sigue generando muy bien el aire del viejo Spock, que incluso sigue vivo en este nuevo universo. Lo que sí, el resto del reparto sigue afianzándose, algunos mejor que otros, y debo admitir que me encanta la relación de Spock con Uhura. Creo que, más allá de que no haya existido en la versión anterior, resalta el lado humano y más íntimo de Spock, ya que por una regla impuesta por la vieja guardia vulcana, solo puede mostrar sus sentimientos ante sus parejas.

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Esta película es más tranquila que la anterior, en cuanto a peleas espaciales, ya que la trama es más un “atrápame si puedes,” por lo que podría hablarse de algo cercano a un policial, con muchos eventos en tierra firme. Las naves son usadas en momentos cruciales, para darle más dramatismo a la película, lo cual hace que Into Darkness pueda compararse con la última de Wolverine y Iron Man 3, ya que las tres películas tratan más sobre la evolución de sus personajes luego de los eventos de los films que las precedieron, lo que para mí es un cambio bastante interesante y necesario, más en un universo como el de Star Trek, en el que los capitanes se caracterizan más por su sabiduría, pensamiento frío y astucia. El personaje de Kirk, a pesar de la hazaña que logró en la anterior película, era más un chico con un arma grande que un adulto hecho y derecho (si bien el personaje de Shatner tenía ese aire pícaro, no era tan volátil).

Por eso creo que el film está muy bueno, no solo porque tiene los efectos especiales a los que estamos acostumbrados, sino porque habla más sobre la evolución de los personajes y sus historias personales, que están muy bien logradas por los guionistas. Este nuevo universo reinventado tiene mucha tela para cortar, aunque por lo que se ve, no lo hará bajo la dirección de J. J. Abrams, ya que el universo de Star Wars lo capturó. Pero hay que sacarle el sombrero igual, porque tras sus dos películas de Star Trek, los futuros directores de la saga tendrán un terreno próspero y una nueva camada de fanáticos, quienes si no fuera por la visión de Abrams no se habrían sumado.

 <a rel=”author” href=”https://plus.google.com/107005891006004217533“>Maximiliano R. Esposito</a>

Estreno: Star Trek, en la oscuridad


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La saga de Star Trek es una de las mas largas y exitosas del género sci-fi. Creada por Gene Roddenberry, comenzó en 1966 con una serie para televisión que hoy en día se ha transformado en serie de culto para miles de fans. Y es que, junto a Star WarsStar Trek es la otra gran saga con millones de seguidores fanatizados alrededor del planeta.

La serie original -y el resto de los productos relacionados- relata las aventuras de los tripulantes del Enterprise, una nave espacial que viaja por el universo en búsqueda de nuevos planetas y civilizaciones.

Tras la serie mencionada se hizo una versión de animación y una sucesión de películas para cine, además de expandir la franquicia a otras series y todo tipo de merchandising como: videojuegos, juegos de rol y novelas.

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En 2009,  J.J. Abrams  (ahora también al frente del regreso de Star Wars, la otra gran saga) se hizo cargo de un reboot (reinicio) de la saga, con una película para cine, que también funciona como precuela, contando los orígenes de la tripulación del Enterprise, la nave en donde viajan los protagonistas.

Ahora, cuatro años después, llega la continuación de ese film: Star Trek, en la oscuridad (Star Trek: Into darkness, 2013),.

J.J. Abrams repite en la silla de director y también lo hacen los actores principales: Chris Pine (James T. Kirk) – lo veremos en Jack Ryan, lo nuevo de Kenneth Branagh, que vuelve a llevar a la pantalla grande al agente creado por Tom Clancy en sus famosas novelas-; Zachary Quinto (Spock); Simon Pegg (Scotty) -lo veremos en The World’s End, lo nuevo de Edgar Wright; Karl Urban (Bones) -lo veremos en Riddick, lo nuevo de David Twohy; Zoe Saldana (Uhura); Anton Yelchin (Chekov) -lo veremos en Odd Thomas, lo nuevo de Stephen Sommers y en Only Lovers Left Alive, lo nuevo de Jim Jarmusch; John Cho (Sulu); Bruce Greenwood (Chritopher Pike) -lo veremos en Devil’s Knot yQueen of the Night, lo nuevos films de Atom Egoyan. Además veremos a Peter Weller y a Alice Eve.

A continuación les dejamos el último trailer de Star Trek:

Literatura: Jonathan Strange & Mr. Norrel


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Con sus más de mil páginas, Jonathan Strange & Mr. Norrel puede parecer un libro intimidante. Pero su lectura es mucho más rápida que la de otros textos incluso más cortos. No porque sea simple o demasiado fácil, sino porque Susanna Clarke, la autora, es una excelente narradora.

La novela plantea una suerte de historia alternativa, situada en Inglaterra durante las Guerras Napoleónicas a principios del siglo XIX. Según la versión de Clarke, Inglaterra tiene un orgulloso legado mágico, herencia del reinado del mítico Rey Cuervo entre los años 1111 y 1400. Sin embargo, la desaparición del misterioso monarca, en el siglo XV, aceleró la progresiva decadencia de la magia inglesa, y cuando arranca la acción de la novela, en el 1800, ya no existen magos prácticos (o sea, que pueden realizar hechizos o encantamientos) en las islas británicas, solamente académicos y eruditos. Los dos magos del título, entonces, son los primeros magos prácticos luego de siglos de exclusiva bibliofilia, y Clarke muestra cómo sus poderes afectan la historia de Europa. Algo así como Alan Moore, con Watchmen, imaginó a un grupo de superhéroes estadounidenses y se preguntó cómo habrían transformado el panorama mundial entre los 50s y los 80s.

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Clarke mezcla los estilos de autores ingleses como Charles Dickens, Jane Austen y los escritores románticos para generar una atmósfera apropiadamente decimonónica. Además, incluye más de 100 notas al pie, que describen las anécdotas, las figuras, los tomos y las leyendas más relevantes de la magia inglesa. Porque el de Clarke, entre tantas cosas, es un libro sobre libros. Por más que sean magos prácticos, Norrel y Strange también son empedernidos lectores. Es más, Norrel – un literato veterano, y el primero de los dos en saltar a la fama – se convierte en un dictador bibliográfico: compra y resguarda casi todos los textos mágicos de Inglaterra. Incluyan información puramente histórica o listas de hechizos, la mayoría aguarda en los anaqueles de la vasta biblioteca personal de Norrel. Strange – más joven, más arriesgado – se convierte en alumno de Norrel para acceder a esta biblioteca, y ambos pronto entablan una relación delicada: Norrel no quiere prestar sus libros, pero lo tiene que hacer para poder instruir a Strange, el único con quien puede hablar de magia y así apaciguar su soledad; mientras tanto, Strange aprecia a su maestro pero rechaza su conservadurismo y pretende desarrollar sus propios poderes mágicos hasta las últimas consecuencias.

Podríamos esperar que Strange, por su inmadurez y ambición, cometerá algún error catastrófico o se convertirá en un demonio, pero no es el caso. Se equivoca a menudo, es cierto, y su magia lo lleva hacia la obsesión y la autodestrucción, pero el error catastrófico lo comete Norrel, a pesar de su tan mentada prudencia, al convocar a un hada para resucitar a una joven. Esto sucede al principio de la novela, cuando Norrel, que quiere convertirse en una figura social y políticamente importante, decide sorprender a Londres con una proeza mágica. Y es lo que logra al revivir a la prometida de un miembro del Gabinete. Para hacerlo, convoca a un hada, y las hadas, en el mundo de Clarke, son seres amorales e impredecibles. No son exactamente malignas, porque no conciben el bien y el mal, sino que son impulsivas y aniñadas, criaturas inmortales que perciben el tiempo como un encanto infinito, y a los humanos, como títeres en una macabra obra teatral. En el tablero de sus caprichos, las personas reviven, mueren o son encarceladas durante siglos en las mansiones embrujadas y oníricas del reino de las hadas. Norrel consigue lo que buscaba al llamar a una de ellas, pero también cimienta las tragedias que vendrán después (1).

En esta novela, la magia es peligrosa y extraña, algo imposible de controlar. Solo el Rey Cuervo pudo dominarla, y quienes lo siguieron, incluidos Norrel y Strange, fueron apenas malabaristas. Norrel, a pesar de su rol como maestro, casi nunca supera sus propias fronteras entre lo permitido y lo prohibido (salvando la excepción ya mencionada), y cuando Strange avanza por lo desconocido, lo hace a costas de su cordura. Encerrado en una habitación veneciana, busca entrar al reino de las hadas y descubre que la única manera de hacerlo es enloqueciendo. Popularmente, la figura del mago es la de un sabio que utiliza la magia como instrumento. En este caso, es la magia la que instrumentaliza a los hombres, una energía salvaje e indomable.

(1) Aunque en español las hadas generalmente son asociadas al género femenino, el hada que convoca Norrel es – si bien más o menos asexual – definitivamente masculina, un hada macho.

— Guido Pellegrini

Twitter: @beaucine

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Cine Clase B: Ticks (1993) dirigida por Tony Randel


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Film que comenzó a gestarse en 1992 cuando le surgió una idea al realizador de efectos especiales Doug Weswick (el realizador de stop-motion en The Terminator para Fantasy II), quién junto a su amigo Jim Garrison escribieron un guión en la década del setenta llamado Cycle of Blood para sumarse a la manía del subgénero de films estilo “naturaleza enloquecida” como eran Willard: la revolución de las ratas (1971) o Frogs (1972). La base la aportó el propio realizador con una vivencia acontecida de joven en la que yendo en bicicleta se encontró una garrapata agarrada en la espalda; a partir de ese momento imaginó lo terrorífico que sería encontrarse con unas de mayor tamaño como una mano, pero nunca pudo encontrar a nadie que se lo financiara. A comienzos de los 90 un productor llamado Jack F. Murphy que recién terminaba el film Syngenor (1990) lo convoca interesado en su historia para llevarla al celuloide. Murphy quiso actualizar aún más la historia (que había sido retocada por Yancy Calzada) aportando la idea de unos chicos de la ciudad que viajaban al bosque y para esa tarea contrató a Brent V. Friedman, un joven escritor de 30 años amante del cine de terror (quién había reescrito la historia de la mencionada Syngenor) para pulir y “noventizar” el guión; Para eso Weswick le facilitó a Friedman su primer guión como guía y un primer prototipo de una garrapata que había diseñado, más el apoyo explicativo de cómo se iba a realizar el trabajo de FX y de stop-motion para que el guión fuera coherente con lo que los muchachos de efectos especiales podían realizar. Durante el transcurso de la nueva escritura el nombre fue cambiado a Ticks y Friedman tuvo que ausentarse un mes entero para retocar y hacer aportes al guión de American Cyborg: Steel Warrior en Israel.

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El director designado fue Tony Randel y éste quiso hacerle unos retoques pero al no poder estar presente el guionista en la pre-producción antes del rodaje los productores tuvieron que contratar a otra persona para revisar y modificar el guión final, aunque luego de regresar a los Estados Unidos Friedman pudo ir controlando el proceso de filmación en el set de rodaje. Brian Yuzna, responsable de producir los mayores éxitos dirigidas por Stuart Gordon y de dirigir películas como Society y Return of the Living Dead 3, ya se había ganado la suficiente reputación dentro del cine de terror con su propio estilo como productor ejecutivo junto al mencionado Murphy.

La música fue compuesta por Daniel Licht y Christopher L. Stone y la compañía productora fue First Look Pictures y distribuida internacionalmente por su empresa madre Overseas Film Group; además en USA fue lanzada con el apoyo de Republic Pictures. Los actores destacados fueron todos conocidos dentro del clase B: Rosalind Allen como Holly Lambert, Seth Green hace de Tyler Burns, Ami Dolenz haciendo el personaje secundario de la niña rica Dee Dee Davenport, acompañada por su novio latino Rome Hernández (interpretado por RayOriel). Los restantes son Peter Scolari como Charles Danson (la pareja de Holly), y al que se suma su hija Melissa Danson que la interpreta Virginia Keehn, Barry Lynch hace del Señor (Sir en inglés, papel que originalmente se lo escribió Friedman al reconocido actor David Gale pero su muerte hizo que todo cambiara), Michael Medeiros como el loco Jerry y la figurita repetida del clase B Clint Howard como Jarvis Tanner. La película fue filmada en Los Ángeles, Big Bear Lake y en el San Bernardino National Forest en una trama donde unas garrapatas son mutadas accidentalmente por un producto químico dentro de una plantación ilegal de marihuana, a partir de ahí adquieren un tamaño sobrenatural por estos esteroides y van a sembrar el terror en el campamento donde están vacacionando los jóvenes. Ticks fue emitida en cable durante los noventa y editada por el sello Teleargentina como Ticks: Garrapatas asesinas.

Federico Garzón Noguera

Cine: Trance, el recurso de auto quemarse


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Muchas veces vimos películas donde la historia estaba buena, pero por falta de capacidad del director, o por falta de presupuesto, el producto final era bastante berreta. Lo que si es raro es cuando se da al revés, que el director cumpla, que el presupuesto este a la altura, que los actores rindan, pero que la historia deje bastante que desear. Y acá estamos frente a uno de esos ejemplos.
Simon es parte del equipo de seguridad de una casa de subastas de arte. En plena subasta, un día intentan robar una valiosa pintura, Simon se hace el héroe y recibe un fuerte golpe en la cabeza. Cuando los ladrones van a ver su preciado botín, ven que solo robaron el marco, y al intentar hacer hablar a Simon, este tiene amnesia por el golpazo que recibió. La única solución posible es obligarlo a hacer sesiones de terapia para que recobre ese fragmento de memoria perdido.
Estamos ante un thriller poco convencional. La violencia, el misterio y el erotismo del género están, pero al coctel se le suma el explorar la mente humana y todo lo que eso conlleva. A priori parece interesante, lo malo es cuando el recurso está mal usado.
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Para intentar explicarme sin spoilear mucho, les cuento que la película se centra bastante en las sesiones de hipnosis, saltando de la realidad a lo “imaginado”. Hasta ahí perfecto, de hecho pelis como Inception lo hicieron pero siempre se entendía que pasaba, lo malo es cuando se abusa de ese recurso al grado tal que uno ya se ve venir los giros de guion, desconfiando constantemente de lo que ve. Si a eso le sumamos que faltando diez minutos un personaje explica con lujo de detalles todo lo que paso, es que algo fallo en el resto de la película.
Compensando el flojísimo guion esta la dirección de Danny Boyle y es que en esta peli es Boyle en estado puro, así que los que odien su estilo de filmación y montaje epiléptico, ni se acerquen a verla, pero quienes ese estilo tan propio y marcado nos gusta, veremos al inglés desencadenado con los cortes al ritmo de la música, encuadres en diagonal. Eso y la siempre presente utilización de los colores; en esta ocasión del azul, tan intenso que dé a rato los personajes parecen N´avis.
Además de su dirección, como es normal en su filmografía, también se destaca el trabajo actoral. Obviamente es Vincent Cassel quien se come la película, dejando muy atrás al resto del elenco. Con esto no quiero decir que James MaCavoy este mal, pero es que al escoses los personajes de machote bad ass no le quedan muy bien que digamos. Y Rosario Dawson, bueno, hace un desnudo frontal, con eso justifica lo plana que es actoralmente.
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En Trance es una película bastante del montón a la que cuesta sacarle cosas para asesinarla o para alabarla. No es que sea una bazofia, pero decepciona bastante, y si van esperando una caca, tampoco es que va a sorprender mucho por lo buena que es.
Y ese es el enorme problema de la peli, que no genera nada. A las malas películas uno las odia y las destroza en las críticas, a las que son muy buenas se las agranda, a las que sorprenden uno recalca todas sus virtudes. Pero cuando uno sale del cine más pendiente en lo que va a cenar ese día en vez de reflexionar o hacer algún comentario sobre lo que vio, es que el film no transmitió absolutamente nada.
Es una lástima que alguien como Danny Boyle, realizador de esa obra maestra conocida comoTrainspotting o de buenas pelis como Exterminio y Sunshine, vuelva a caer en la tentación de hacer una película con un apartado visual extraordinario, pero carente de alma, repitiendo la fórmula de la mierdera Slumdog Millonarie.
Ojala que su próximo proyecto, Porno (secuela de Trainspotting) lo devuelva al buen camino.
Un saludo sin mucho que decir.
Nota: 6
Jorge Marchisio
Mi face Yorsh A. Romero