Estreno: Polvo de estrellas


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Es curioso que, para ridiculizar la cultura hollywoodense, el director canadiense David Cronenberg haya recurrido a un clima telenovelesco. Después de todo, en Estados Unidos, las soap operas ocupan un inframundo cultural y, como la industria pornográfica, están restringidas a un espacio alternativo desde el cual no afectan al cine con su aroma desprestigiante. Salvo raras excepciones, los máximos exponentes del género no son seguidos por el público en general, y conforman objetos de culto para televidentes selectos. Resulta irrisorio, entonces, que los ricos y famosos de Hollywood sean retratados como si formaran parte de una telenovela, y que sus secretos más oscuros sean revelados a través de una estética que remita al fondo vergonzoso de la televisión. Polvo de Estrellas es sobre lo inconfesable: actores, agentes, productores y directores arrinconados por su pasado pecaminoso, y el cine mismo acorralado por las emociones exageradas de la telenovela.

El título español de la película, bastante desafortunado, alude sin embargo a las preguntas centrales de toda soap opera, y también del film de Cronenberg: ¿Quién se acostará con quién? ¿Cuándo? ¿Cómo? En este caso, el incesto surge como una condición endémica. Hollywood es una fábrica de narcisistas, tan enamorados de su imagen que solamente pueden excitarse con versiones de sí mismos: sus hermanos, hermanas, padres o madres. Como en toda telenovela, seguimos las peripecias de varios personajes, cuyos destinos, inevitablemente, se entrecruzan. Una misteriosa chica, llamada Agatha, que siempre lleva los brazos enguantados para cubrir antiguas cicatrices de quemaduras, viaja a Los Ángeles para probar suerte como actriz. Consigue trabajo como asistente de Havana Segrand, una estrella venida a menos, que busca resucitar su carrera y recurre a las terapias New Age del “doctor” Strafford Weiss. Él es el padre de Benjie Weiss, un ícono juvenil cual producto de la factoría de Disney, que tiene el mismo agente que Havana Segrand y que, como pronto descubriremos, es el hermano de Agatha. Una intrincada y tortuosa trama de relaciones.

Ya en 2001, David Lynch le dio aires telenovelescos a su propia fantasía sobre los muertos que Hollywood esconde en su placard, con la lisérgica Mulholland Drive. Pero Cronenberg, como alguna vez lo hicieron el último Luis Buñuel y el Jacques Rivette de Celine y Julie van en Barco, despliega un lenguaje de cámara más prosaico y convencional, que ayuda a resaltar –al no competir con– las situaciones estrafalarias. Los colores cálidos, los interiores iluminados y los decorados elegantes construyen un escenario para fantasmas, asesinatos, confesiones, alucinaciones y suicidios. Las actuaciones son grotescas e intensas, especialmente la de Julianne Moore como Havana, un compendio de tics, modismos y gestos, un monumento a la arquetípica californiana hueca, cada modulación y movimiento de sus labios una articulación de su interminable hipocresía.

Polvo de Estrellas retrata una enfermedad colectiva: sus personajes están obsesionados con sus dobles ficticios y se olvidan de sus verdaderos cuerpos. Casi nunca vemos a esos dobles, sólo los cuerpos que se pudren. Y mientras los protagonistas sueñan con su imagen proyectada en pantallas ajenas, la pantalla en la que nosotros los vemos ha sido invadida por la soap opera. Es decir, como dijimos anteriormente, por lo inconfesable.

– Guido Pellegrini

Twitter: @beaucine

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Las diez mejores películas del 2013 (Bonus track)


Ya repasamos las mejores películas del año pasado. (Quienes se hayan perdido las entradas anteriores, podrán acceder a ellas a través de los siguientes enlaces: parte 1 y parte 2.) Así que, en este post, compartiremos algunas menciones especiales: la peor película del año, la mejor producción argentina y el mejor documental.

PEOR PELÍCULA DEL AÑODuro de matar V: Un buen día para morir (John Moore)

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Duro de matar es una de mis películas de acción favoritas; es prácticamente perfecta. Las aventuras siguientes de John McClane, aunque no hayan estado a la altura, no son para nada despreciables, sobre todo la tercera en la que Bruce Willis hace una dupla memorable con el taxista que interpreta Samuel Jackson, e incluso la cuarta, aunque reemplaza la violencia directa por parafernalia tecnológica, tiene su gracia y sus momentos de acción memorables. Pero esta quinta película no tiene perdón de Dios y sólo puede interpretarse como un derroche de ego por parte de todos los involucrados, especialmente Willis.

En un guión que parece haber sido escrito en una tarde de borrachera, John McClane viaja a Rusia a ver a su hijo que está preso por asesinato. Resulta que el mocoso es un agente secreto de la CIA y terminan los dos dándose tiros con unos rusos que no cambiaron nada desde la Guerra Fría. El argumento es patético, los villanos olvidables y hasta las escenas de acción son un enjambre de tomas rápidas que no cuentan bien nada. Seguro que hubo peores películas en 2013, pero el mal trago de ésta no se olvida fácil. Sentí algo similar viendo la última Indiana Jones, que estropeaba el buen nombre de las películas anteriores en aras de exprimirle hasta la última moneda al personaje.

¿Otras posibles e infectas candidatas? Fuerza antigángster, Machete Kills, The Canyons.

MEJOR PELÍCULA ARGENTINA: Wakolda (Lucía Puenzo)

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Tal vez no haya visto tanto como para opinar, sabemos todos que se hacen muchas películas en nuestro país y que de ningún modo las cuatro o cinco más populares son las mejores, pero tuve ganas de destacar ésta que cuenta una época de la historia poco rescatada en el cine, cuando el gobierno de Perón dio asilo a los nazis al término de la Segunda Guerra, en especial a pesos pesados como el doctor Mengele. Aunque no me convence del todo la resolución un poco vaga de la película, todo el resto está excelente, sobre todo las actuaciones de Diego Peretti y del español Alex Brendemühl como Mengele. Es un drama que no apunta en casi ningún momento a generar suspenso sino empatía por los protagonistas, pero vale la pena ser visto.

Otra posible candidata es Metegol.

MEJOR DOCUMENTAL: Jodorowsky’s Dune (Frank Pavich)

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A finales de los años setenta, La guerra de las galaxias cambió el mundo del cine para siempre. La antítesis de una década dominada (siempre hablando de cine yanqui) por la producción independiente y la experimentación, la película de George Lucas generó un enorme entusiasmo por el blockbuster entre los estudios y un interés en producir ciencia ficción. Así fue que surgió la alianza estrambótica entre Alejandro Jodorowsky, chileno surrealista, y Duna, una famosa novela del género space opera escrita por Frank Herbert. Pero Jodorowsky es un director extremo y poco convencional y, en lugar de tirarse de cabeza a reproducir el éxito de los Jedis, los inversores terminaron huyendo y la película la hizo algunos años más tarde David Lynch.

Este es el documental perfecto para cualquiera que sueñe o haya soñado con hacer cine. A consecuencia de esto, puede que muchos que lo hayan visto no entiendan el motivo de que me guste tanto. Visualmente no parece tener nada interesante: la gran mayoría de las tomas tienen a Jodorowsky o a otras personas involucradas con la producción hablando a cámara. La otra parte de la película es una animación del storyboard que muestra cómo hubieran quedado las tomas. Pero lo importante acá es el retrato del delirio artístico de Jodorowsky, que busca hacer una película que sepulte bajo su propio peso a cualquier otra producción que se hubiera hecho hasta la fecha, y choca constantemente con los embates de la realidad y con los intereses de los financistas. En la pre-producción de Duna llegaron a trabajar grandes nombres como Moebius, H.R. Giger o Dan O’Bannon (que estos dos últimos se conocieran en este trabajo fue fundamental para la realización de Alien) y estuvieron asegurados para papeles principales David Carradine, Orson Welles, Mick Jagger, Salvador Dalí y su esposa Gala, mientras que el actor principal hubiera sido el hijo de Jodorowsky, que atravesó un terrible entrenamiento en artes marciales para su papel.

– Pablo Draletti

Las diez mejores películas del 2013 (Parte 2)


5. La Grande Bellezza (Paolo Sorrentino)

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Ya que estamos con películas altamente influenciadas por otras, este último film de Sorrentino tranquilamente podría ser una remake de La Dolce Vita, tan similares son sus protagonistas y tanto me recordó en general a Fellini el retrato fetichista de la ciudad de Roma. Conocemos aquí a Jep Gambardella, un escritor de una sola novela que vive de fiesta en fiesta sin un propósito muy claro en la vida.

Sorrentino se caracteriza por contar sus historias de maneras poco convencionales y por un extravagante trabajo de cámara, esta vez utilizado en mostrar el esplendor y el brillo de las fiestas que organiza Jep en la terraza de su caserío de lujo. Pero además es un tipo muy original en sus elecciones narrativas. Una amiga me hizo notar que en una secuencia clave en la que muere una prostituta amante de Jep, tanto el clima como las previas indicaciones de una enfermedad hacen que uno se espere la muerte y que anticipe un momento melodramático y meloso, pero Sorrentino prolonga ese momento en el tiempo y nos distrae hasta que, cuando la muerte vuelve a aparecer en la acción, es de nuevo inesperada y efectiva.

4. El Lobo de Wall Street (Martin Scorsese)

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No me deja de sorprender nunca que Scorsese, que fácilmente pudo haberse quemado como un fósforo a lo Coppola con obras maestras intensas en las que parece haber dejado todo como Toro Salvaje o Buenos Muchachos, siga dirigiendo a sus setenta años con la fuerza y la voluntad de transgredir y de superarse a sí mismo de un joven punk. Así es que nos encontramos con esta película, que sigue la “carrera” de Jordan Belfort de manera igualmente vertiginosa a la que ya fue aplicada a las de los mafiosos Henry Hill y “Lefty” Rosenthal.

Lo que primero llama la atención de una película de Scorsese es que no sólo no hay escenas malas: no hay ni siquiera segundos desechables. Toda toma, por gratuita que le parezca a los que simplemente están ofendidos por la promiscuidad sexual o la violencia en pantalla, contribuye a construir o a condimentar la historia del ascenso y la caída de este lobo de Wall Street. Y Scorsese usa todos los recursos de su arsenal para hacer que el espectador siga al protagonista de este viaje desde adentro. Muchas de las críticas negativas que recibió El Lobo se basaban en una supuesta glorificación del personaje, y yo creo que esos críticos simplemente se sintieron incómodos (como ya había pasado con Buenos Muchachos y con Casino) porque Scorsese los introdujo en el mundo de la historia y les hizo ver a seres que ellos estaban dispuestos a despreciar como seres humanos, en lugar de contar una historia con moraleja al estilo hollywoodiense.

3. The World’s End (Edgar Wright)

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Otra tercera parte de una trilogía, esta vez más informal, que el director Wright y el guionista-actor Simon Pegg iniciaron en 2004 con Shaun of the Dead, en la que parodiaron el cine de zombies de George Romero, y continuaron en 2007 con Hot Fuzz, en la que tomaron como referencia al cine de acción. Esta vez, la parodia va por el lado de la ciencia ficción inglesa, de series como El prisionero, las películas de Quatermass o ese clásico de los setenta que es la remake de Philip Kaufman de Los usurpadores de cuerpos. Pero como es su tradición, Wright y Pegg combinan el género con una historia intimista, cuyo eje es la amistad y la madurez, dos conceptos que el personaje de Pegg no llega a comprender del todo.

Me parece que, con toda la admiración que me despiertan todas las comedias de Wright, ésta es hasta ahora la mejor. El guión es prácticamente perfecto y desmenuzarlo es el mejor curso de estructura dramática que un aspirante a escritor puede tomar. Sin ir más lejos, el monólogo inicial de Pegg, justo antes de los títulos del comienzo, anticipa fielmente (aunque en clave irónica) todo lo que va a ocurrir en la película, coincidiendo con el tema del protagonista, que busca recuperar las épocas irresponsables de su juventud arrastrando al grupo de amigos a su pueblo natal.

2. Ella (Spike Jonze)

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Pocas películas que haya visto tienen una visión del futuro tan plausible y descarnada. Joaquin Phoenix, que viene de un protagónico brillante en The Master, se luce de nuevo en un papel radicalmente distinto como Theodore Twombly, un tipo divorciado, muy introvertido, que se gana la vida escribiendo cartas íntimas para gente con poca habilidad para la redacción. Salen al mercado unos nuevos sistemas operativos que se pueden configurar para desarrollar una personalidad compatible con el usuario y Theo, como tantos otros, aprovecha la oportunidad para programarse una novia perfecta.

Spike Jonze me parece un director que sinceramente no obtiene todo el reconocimiento que se merece. Sus películas son siempre reflexivas y se aproxima a sus temas de una manera muy original. Por ejemplo, la manera en la que ha evolucionado la tecnología en este universo es no sólo creíble desde el punto de vista de la ficción sino hasta visionaria para el mundo real: las personas siguen alienadas por sus aparatos móviles, pero en lugar de estar mirando constantemente la pantalla, conversan libremente con sus aparatos que les leen los e-mails y digieren la información para ellos. Y la manera en que Jonze soluciona el conflicto dramático del film (estar enamorado de una máquina) es brillante y poética.

1. Under the Skin (Jonathan Glazer)

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Gran año para Scarlett Johansson, que no sólo hizo la voz de la computadora en Ella sino que prestó (y peló) el cuerpo entero para una de las películas de ciencia ficción más idiosincráticas que haya visto en mi vida. Glazer no es un director muy famoso pero vengo siguiendo su carrera con atención desde un peliculón del cine negro como Bestia salvaje en el 2000 hasta una película rara, más llena de preguntas que de respuestas, como Reencarnación con Nicole Kidman.

La premisa de su nueva peli ya es difícil de explicar, de tan visual que es la manera en que se desarrolla la historia. Un visitante extraño, digamos de otro planeta para simplificar, recibe el cadáver de Scarlett Johansson de al lado de la ruta y se “pone” su aspecto como si fuera un traje. A partir de ahí, su misión parece ser la de seducir hombres para después arrojarlos a una especie de pozo ciego en donde la oscuridad parece consumirlos. Sobre esta misión tenemos pocos datos: no sabemos por qué lo hace, ni para quién lo hace, ni siquiera entendemos qué es exactamente lo que pasa con las víctimas. Y tampoco puedo garantizar que viendo la película lo averiguarán. Pero, si la aprecian como yo, les surgirán un par de preguntas interesantes sobre la condición humana.

De manera muy interesante, Glazer combina elementos de ficción con el documental: aunque la historia es fantástica muchos de los encuentros casuales de la chica están filmados con una cámara oculta y muestran reacciones reales. Un personaje que muchos asumirán está logrado con efectos especiales es una persona real.

— Pablo Draletti

Festivales: Semana del reencuentro con el cine ruso


cine ruso

Desde el jueves 18 hasta el miércoles 24 de septiembre, en los cines Cinemark Palermo y Arte Multiplex, se llevará a cabo la “Semana del reencuentro con el cine ruso”. Es un ciclo imperdible: la mayoría de las películas que se proyectarán son clásicos de clásicos, por directores tan importantes como Tarkovsky, Kurosawa y Nikita Mikhalkov, entre otros. El evento celebra los noventa años de los Estudios Mosfilm, que además de haber producido las obras exhibidas, es todo un símbolo del cine soviético. Su famoso logotipo, reproducido parcialmente en el afiche del ciclo, es una imagen familiar para cualquier cinéfilo.

A continuación, compartimos la programación. Todas las funciones son para las 20 horas, en cualquiera de los dos cines.

Jueves 18

Cinemark Palermo:
El Tigre Blanco
Director: Karen Shakhnazarov
País: Federacion Rusa
Año: 2012

Arte Multiplex:
La balada del Soldado
Director: Grigory Chujray
País: URSS
Año: 1959

Viernes 19

Cinemark Palermo:
Moscú no cree en lágrimas
Director: Vladimir Menshov
País: URSS
Año: 1979

Arte Multiplex:
Andrei Rublev
Director: Andrei Tarkovsky
País: URSS
Año: 1966

Sábado 20

Cinemark Palermo:
Dersu Uzala
Director: Akira Kurosawa
País: URSS – Japón
Año: 1975

Arte Multiplex:
Pabellón Nro. 6
Director: Alexander Gornovsky & Karen Shakhnazarov
País: Federacion Rusa
Año: 2009
Duración: 83 mn.

Domingo 21

Cinemark Palermo:
El pálido sol del desierto
Director: Vladimir Motyl
País: URSS
Año: 1969

Arte Multiplex:
Cuidado con el automóvil
Director: Eldar Ryazanov
País: URSS
Año: 1966

Lunes 22

Cinemark Palermo:
La Parentela
Director: Nikita Mikhalkov
País: URSS
Año:1981

Arte Multiplex:
Dersu Uzala
Director: Akira Kurosawa
País: URSS – Japón
Año: 1975

Martes 23

Cinemark Palermo:
Pabellón Nro. 6
Director: Alexander Gornovsky & Karen Shakhnazarov
País: Federacion Rusa
Año: 2009

Arte Multiplex:
Algunos días de la vida de I. Oblomov
Director: Nikita Mikhalkov
País: URSS
Año: 1979

Miércoles 24

Cinemark Palermo:
Andrei Rublev
Director: Andrei Tarkovsky
Pais: URSS
Año: 1966

Arte Multiplex:
Moscú no cree en lágrimas
Director: Vladimir Menshov
País: URSS
Año: 1979

Las diez mejores películas del 2013 (Parte 1)


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Aunque haya pasado el tiempo y ya estamos a mediados del 2014, en general es por esta época cuando uno ya vio suficientes películas del año pasado como para poder elegir con toda impunidad una lista de diez favoritas. Eso es lo que voy a proceder a hacer. Además agregué tres secciones suplementarias: la de la peor película del año, la de la mejor película argentina y el mejor documental. Cabe aclarar que una película argentina podría entrar entre las diez mejores, aunque no haya sido el caso este año. Al documental sí me parece bien mantenerlo como género aparte.

Voy a empezar por hacer un poco de trampa y mencionar algunas películas que no llegaron al corte pero que de todas maneras merecen verse. Como El Congreso, híbrido con animación en el que Robin Wright se interpreta a ella misma como una actriz que decide digitalizar su imagen para seguir actuando en la posteridad, un delirio importante inspirado por una novela de Stanislaw Lem, autor de Solaris. Seguido por Sólo Dios Perdona, un derroche de genialidad visual ambientado en Tailandia repleto de violencia extrema y de enfermos complejos edípicos. Big Bad Wolves, una película de Israel, que en estos tiempos violentos cobra una relevancia que tal vez no percibí la primera vez que la vi, una historia de venganzas cruzadas que Tarantino señaló como lo mejor del 2013, con toda lógica ya que el ritmo y el tono parecen claramente inspirados por sus películas. The East es un thriller sobre una espía que se infiltra en un grupo de anarquistas, y la segunda película escrita por la joven Brit Marling (también actriz) que me vuela la peluca, después de Another Earth. Y, finalmente, El Teorema Zero, lo último de Terry Gilliam, una película que se relaciona directamente con Brazil y nos traslada a una distopia en la que todos trabajan para resolver una ecuación que explique el milagro de la vida.

10. Inside Llewyn Davis (Hermanos Coen)

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Traducida en Argentina como Balada de un hombre común. Los que me conocen saben que soy fanático incondicional de los Coen, y que los encuentro siempre variados e interesantes, desde la comedia pura como El Gran Lebowski hasta una joya del cine negro como El Hombre que Nunca Estuvo o una pesadilla metafísica como Barton Fink. Sin embargo, hace unos años, con Un Hombre Serio, los hermanos hicieron algo novedoso en sus carreras: una película que era en su totalidad el estudio de un personaje en lucha constante con el mundo caótico que lo rodea, en ese caso un profesor de matemáticas judío, y en esta nueva obra un cantante de folk que vive a la sombra de personajes más exitosos como Bob Dylan.

Los Coen son maestros tonales, y llevan adelante esta película lenta, sin casi intriga en su argumento salvo la producida artificialmente por un gato que se pierde, gracias a la calidad de las actuaciones y la belleza melancólica del mundo que recrean: la Nueva York de los músicos underground en los años sesenta, en donde se toca en bares para tener un plato de comida caliente a la hora de la cena. Otra característica de los Coen: recrear siempre a la perfección una parte distinta de los Estados Unidos en un contexto histórico específico. Y, por supuesto, el humor ácido y absurdo que vienen arrastrando desde sus inicios.

9. El Conjuro (James Wan)

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La sorpresa del año fue para mí esta película de casas embrujadas de un director ya especialista en el cine de género. Está inspirada además por personajes reales, el matrimonio de investigadores paranormales conformado por Ed y Lorraine Warren, cuyos casos publicados también formaron la base para El Horror de Amityville, y hasta la muñeca maldita que sirve de prólogo a la historia principal tiene su antecesora en la vida real.

Lo mejor que se puede decir de El Conjuro es que cumple exactamente lo que casi todo el cine de terror promete en vano: ser atrapante, escaparse del ridículo y perturbar al espectador. Esto lo logra gracias a un trabajo impecable de Wan en lo visual y sobre todo en lo sonoro; desde su debut con El Juego del Miedo (que tampoco es mala) este muchacho ha mejorado un montón y se ha vuelto audaz y muy creativo con la cámara. Hay una escena en particular en la que Wan prolonga una toma y la propia imaginación conjura visiones en donde sólo hay una esquina oscura.

8. Antes de la Medianoche (Richard Linklater)

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Casi por obligación tenía que estar incluído el final de esta trilogía, una de las sagas cinematográficas más realistas e idiosincráticas que se han hecho, sobre todo teniendo en cuenta que para cada entrega Linklater dejó transcurrir un intervalo de diez años para que Ethan Hawke y Julie Delpy envejecieran en tiempo real y que además está admitido por todos que el guión siempre resulta de una colaboración entre director y actores, a base de improvisaciones y de indagar sobre los personajes. De esta manera Jesse y Celine alcanzan un grado superior de verosimilitud y de conexión con el espectador.

Tal es la identificación que se logra que muchos de los que venían de disfrutar las dos entregas anteriores se quejaron de que en Medianoche a Jesse y Celine se los vea cansados y muy poco enamorados: rodeados de hijos, cada uno por su lado, y peleándose constantemente, destacándose de hecho lo miserable de las quejas de Celine, ahora resentida de que Jesse sea un escritor famoso o de que se tome vacaciones para estar sólo con su hijo. Me parece un destino irremediable para una saga con tanto compromiso con reproducir un romance real. Si Amanecer se trataba de la pasión del enamoramiento y Atardecer de la nostalgia de un reencuentro, para ésta sólo quedaba mostrar el costado terrible del matrimonio.

7. La Sospecha (Denis Villeneuve)

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Otra agradable sorpresa fue conocer a un director interesante como lo es el canadiense Villeneuve, que hizo en el año no uno sino dos thrillers memorables. El otro se llama El hombre duplicado y está basado en una novela breve de Saramago. Elegí éste, que a pesar de tener un argumento que nos puede sonar más convencional, hace maravillas con el elenco y la atmósfera y mantiene la tensión durante las más de dos horas de duración.

Ni Hugh Jackman ni Jake Gyllenhaal me parecen actorazos, pero si sólo los hubiera visto en esta película los tendría en una estima mucho más alta. El primero interpreta al padre de una niña desaparecida y el segundo al detective encargado del caso. Mortificado por la burocracia de la justicia, Jackman decide tomarse el asunto en sus propias manos, con resultados bastante morbosos. Mérito aparte merece el director de fotografía Roger Deakins, un artista de la luz que dota a cada escena de una belleza singular.

6. Stoker (Park Chan-wook)

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El nombre de este director coreano no le sonará tan extraño a cualquiera que haya visto Oldboy, una obra maestra contemporánea imposible de olvidar. Hay películas que pertenecen a los guionistas y otras que claramente pertenecen a los directores: este es el segundo caso, ya que Park utiliza una cantidad inagotable de movimientos de cámara, símbolos y recursos visuales para profundizar en esta historia, que en realidad no tiene mucho de original, ya que está profundamente influenciada por La Sombra de una Duda de Hitchcock hasta en los nombres de personajes clave como el siniestro Tío Charlie.

India es una chica solitaria que queda huérfana cuando su padre Richard muere en un accidente. Junto a su madre (brillantemente interpretada por Nicole Kidman) reciben la visita del Tío Charlie, que va revelándose como un psicópata peligroso que seduce a las dos. El argumento toma incontables giros inesperados, al punto que los amantes de la coherencia en los guiones se van a dar por vencidos antes de la media hora, pero la gracia está en cómo dirige Park cada secuencia y en cómo explica la psicología de los personajes usando pura y exclusivamente las imágenes. En su traslado a Hollywood le fue mucho mejor que a Bong Joon-Ho, otro maestro que con su Snowpiercer parece haberse visto mucho más apremiado por producir una película occidental.

— Pablo Draletti

Stanley Kubrick en el BAMA Cine Arte


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Es sorprendente, quizás, que un director tan meticuloso y obsesivo, cuyos films progresan a un ritmo a veces glacial y cuyos personajes son frecuentemente psicóticos, despreciables o anónimos, haya triunfado en el cine mainstream y se haya convertido en uno de los realizadores más famosos de todos los tiempos. Incluso, una película como 2001, odisea del espacio, una rareza experimental disfrazada de espectáculo masivo, es un objeto de culto, y la famosa lista de la American Film Institute, que reúne las mejores cintas estadounidenses of all time, la incluyó: en el puesto 22, en 1997, y en el puesto 15, diez años más tarde, en la versión actualizada del 2007. Hay que tener en cuenta que dicha lista es notoriamente conservadora, y que entre los demás clásicos nombrados, la inclusión de una película sin personajes (humanos) de gran importancia, con una estructura narrativa más musical que dramática, en la que escasea el diálogo y proliferan los juegos y proezas visuales, una película así, como 2001, mechada entre los demás pesos pesados de Hollywood, que por más geniales que sean son más convencionales, es algo inaudito. Pero, de alguna manera, quizás porque su genialidad era imposible de ignorar, el neoyorquino Stanley Kubrick logró que sus experimentos cinematográficos se convirtieran en títulos canónicos. Ningún cinéfilo puede dejar de ver sus películas. Y ahora, gracias al BAMA Cine Arte, quienes no hayan visto su obra o quieran verla otra vez, en el cine y ya no en la televisión o por el monitor de una computadora, podrán citarse en el centro de Buenos Aires y ver todos los films del director norteamericano. A continuación, les dejamos las fechas y horarios de las funciones.

Jueves 14:

Casta de malditos. 18.30 horas.

Espartaco. 20.50 horas.

Viernes 15:

La naranja mecánica. 18.30 horas.

El resplandor. 20.50 horas.

Sábado 15:

2001, odisea del espacio. 18.30 horas.

La naranja mecánica. 20.50 horas.

Domingo 17:

Lolita. 18.30 horas.

Ojos bien cerrados. 20.50 horas.

Lunes 18:

2001, odisea del espacio. 18.30 horas.

Nacido para matar. 20.50 horas.

Martes 19:

La patrulla infernal. 18.30 horas.

Barry Lyndon. 20.50 horas.

Miércoles 20:

Doctor insólito. 18.30 horas.

Inteligencia artificial. 20.50 horas

Fellini, Bergman y Hitchcock, en una muestra cinéfila en el MACBA


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A partir del 23 de julio, en el Museo de Arte Contemporáneo de Buenos Aires (MACBA), podremos visitar una interesantísima video-instalación de Lucas Turturro, titulada: “La sombra invertida. El inconsciente colectivo del cine“. Para los amantes del séptimo arte, debería ser una visita obligada. Así se describe la muestra en la página del museo:

Propone un ensayo audiovisual sobre la imagen-sueño, o mejor dicho, sobre las escenas de ensoñación que crea el cine. (…) El artista busca expandir la pantalla tradicional y bidimensional de la sala cinematográfica, en un espacio tridimensional dominado por estas imágenes. (…) Encuentra un mensaje en común, oculto en todos los sueños del cine y se lo ofrece encriptado al espectador dispuesto a soñar.

Mezcla de found footage experimental e instalación de arte, Turturro recicla imágenes de algunos de los clásicos más venerados del cine internacional: Fresas salvajes de Bergman, Ocho y medio de Fellini y Spellbound (o Cuéntame tu vida) de Hitchcock. Siempre se dice que una buena película “absorbe” al espectador. En este caso, la metáfora será literal: el espectador se encontrará rodeado físicamente por la obra. Allí estaremos.

Horario: Miércoles a Domingo – 14 a 16.30 / 17 a 19. (Ingreso hasta 30 minutos antes del cierre. Martes cerrado.)

Valor de la entrada: Adultos: $25. Estudiantes, docentes y jubilados (o mayores de 65 años) con acreditación vigente: $15. Menores de 12 años: sin cargo.

Miércoles: General: $15. Estudiantes, docentes y jubilados (o mayores de 65 años) con acreditación vigente: $10. Menores de 12 años: sin cargo.