Las diez mejores películas del 2013 (Parte 2)


5. La Grande Bellezza (Paolo Sorrentino)

la grande belleza

Ya que estamos con películas altamente influenciadas por otras, este último film de Sorrentino tranquilamente podría ser una remake de La Dolce Vita, tan similares son sus protagonistas y tanto me recordó en general a Fellini el retrato fetichista de la ciudad de Roma. Conocemos aquí a Jep Gambardella, un escritor de una sola novela que vive de fiesta en fiesta sin un propósito muy claro en la vida.

Sorrentino se caracteriza por contar sus historias de maneras poco convencionales y por un extravagante trabajo de cámara, esta vez utilizado en mostrar el esplendor y el brillo de las fiestas que organiza Jep en la terraza de su caserío de lujo. Pero además es un tipo muy original en sus elecciones narrativas. Una amiga me hizo notar que en una secuencia clave en la que muere una prostituta amante de Jep, tanto el clima como las previas indicaciones de una enfermedad hacen que uno se espere la muerte y que anticipe un momento melodramático y meloso, pero Sorrentino prolonga ese momento en el tiempo y nos distrae hasta que, cuando la muerte vuelve a aparecer en la acción, es de nuevo inesperada y efectiva.

4. El Lobo de Wall Street (Martin Scorsese)

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No me deja de sorprender nunca que Scorsese, que fácilmente pudo haberse quemado como un fósforo a lo Coppola con obras maestras intensas en las que parece haber dejado todo como Toro Salvaje o Buenos Muchachos, siga dirigiendo a sus setenta años con la fuerza y la voluntad de transgredir y de superarse a sí mismo de un joven punk. Así es que nos encontramos con esta película, que sigue la “carrera” de Jordan Belfort de manera igualmente vertiginosa a la que ya fue aplicada a las de los mafiosos Henry Hill y “Lefty” Rosenthal.

Lo que primero llama la atención de una película de Scorsese es que no sólo no hay escenas malas: no hay ni siquiera segundos desechables. Toda toma, por gratuita que le parezca a los que simplemente están ofendidos por la promiscuidad sexual o la violencia en pantalla, contribuye a construir o a condimentar la historia del ascenso y la caída de este lobo de Wall Street. Y Scorsese usa todos los recursos de su arsenal para hacer que el espectador siga al protagonista de este viaje desde adentro. Muchas de las críticas negativas que recibió El Lobo se basaban en una supuesta glorificación del personaje, y yo creo que esos críticos simplemente se sintieron incómodos (como ya había pasado con Buenos Muchachos y con Casino) porque Scorsese los introdujo en el mundo de la historia y les hizo ver a seres que ellos estaban dispuestos a despreciar como seres humanos, en lugar de contar una historia con moraleja al estilo hollywoodiense.

3. The World’s End (Edgar Wright)

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Otra tercera parte de una trilogía, esta vez más informal, que el director Wright y el guionista-actor Simon Pegg iniciaron en 2004 con Shaun of the Dead, en la que parodiaron el cine de zombies de George Romero, y continuaron en 2007 con Hot Fuzz, en la que tomaron como referencia al cine de acción. Esta vez, la parodia va por el lado de la ciencia ficción inglesa, de series como El prisionero, las películas de Quatermass o ese clásico de los setenta que es la remake de Philip Kaufman de Los usurpadores de cuerpos. Pero como es su tradición, Wright y Pegg combinan el género con una historia intimista, cuyo eje es la amistad y la madurez, dos conceptos que el personaje de Pegg no llega a comprender del todo.

Me parece que, con toda la admiración que me despiertan todas las comedias de Wright, ésta es hasta ahora la mejor. El guión es prácticamente perfecto y desmenuzarlo es el mejor curso de estructura dramática que un aspirante a escritor puede tomar. Sin ir más lejos, el monólogo inicial de Pegg, justo antes de los títulos del comienzo, anticipa fielmente (aunque en clave irónica) todo lo que va a ocurrir en la película, coincidiendo con el tema del protagonista, que busca recuperar las épocas irresponsables de su juventud arrastrando al grupo de amigos a su pueblo natal.

2. Ella (Spike Jonze)

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Pocas películas que haya visto tienen una visión del futuro tan plausible y descarnada. Joaquin Phoenix, que viene de un protagónico brillante en The Master, se luce de nuevo en un papel radicalmente distinto como Theodore Twombly, un tipo divorciado, muy introvertido, que se gana la vida escribiendo cartas íntimas para gente con poca habilidad para la redacción. Salen al mercado unos nuevos sistemas operativos que se pueden configurar para desarrollar una personalidad compatible con el usuario y Theo, como tantos otros, aprovecha la oportunidad para programarse una novia perfecta.

Spike Jonze me parece un director que sinceramente no obtiene todo el reconocimiento que se merece. Sus películas son siempre reflexivas y se aproxima a sus temas de una manera muy original. Por ejemplo, la manera en la que ha evolucionado la tecnología en este universo es no sólo creíble desde el punto de vista de la ficción sino hasta visionaria para el mundo real: las personas siguen alienadas por sus aparatos móviles, pero en lugar de estar mirando constantemente la pantalla, conversan libremente con sus aparatos que les leen los e-mails y digieren la información para ellos. Y la manera en que Jonze soluciona el conflicto dramático del film (estar enamorado de una máquina) es brillante y poética.

1. Under the Skin (Jonathan Glazer)

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Gran año para Scarlett Johansson, que no sólo hizo la voz de la computadora en Ella sino que prestó (y peló) el cuerpo entero para una de las películas de ciencia ficción más idiosincráticas que haya visto en mi vida. Glazer no es un director muy famoso pero vengo siguiendo su carrera con atención desde un peliculón del cine negro como Bestia salvaje en el 2000 hasta una película rara, más llena de preguntas que de respuestas, como Reencarnación con Nicole Kidman.

La premisa de su nueva peli ya es difícil de explicar, de tan visual que es la manera en que se desarrolla la historia. Un visitante extraño, digamos de otro planeta para simplificar, recibe el cadáver de Scarlett Johansson de al lado de la ruta y se “pone” su aspecto como si fuera un traje. A partir de ahí, su misión parece ser la de seducir hombres para después arrojarlos a una especie de pozo ciego en donde la oscuridad parece consumirlos. Sobre esta misión tenemos pocos datos: no sabemos por qué lo hace, ni para quién lo hace, ni siquiera entendemos qué es exactamente lo que pasa con las víctimas. Y tampoco puedo garantizar que viendo la película lo averiguarán. Pero, si la aprecian como yo, les surgirán un par de preguntas interesantes sobre la condición humana.

De manera muy interesante, Glazer combina elementos de ficción con el documental: aunque la historia es fantástica muchos de los encuentros casuales de la chica están filmados con una cámara oculta y muestran reacciones reales. Un personaje que muchos asumirán está logrado con efectos especiales es una persona real.

— Pablo Draletti

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