Literatura: Jonathan Strange & Mr. Norrel


The Raven King

Con sus más de mil páginas, Jonathan Strange & Mr. Norrel puede parecer un libro intimidante. Pero su lectura es mucho más rápida que la de otros textos incluso más cortos. No porque sea simple o demasiado fácil, sino porque Susanna Clarke, la autora, es una excelente narradora.

La novela plantea una suerte de historia alternativa, situada en Inglaterra durante las Guerras Napoleónicas a principios del siglo XIX. Según la versión de Clarke, Inglaterra tiene un orgulloso legado mágico, herencia del reinado del mítico Rey Cuervo entre los años 1111 y 1400. Sin embargo, la desaparición del misterioso monarca, en el siglo XV, aceleró la progresiva decadencia de la magia inglesa, y cuando arranca la acción de la novela, en el 1800, ya no existen magos prácticos (o sea, que pueden realizar hechizos o encantamientos) en las islas británicas, solamente académicos y eruditos. Los dos magos del título, entonces, son los primeros magos prácticos luego de siglos de exclusiva bibliofilia, y Clarke muestra cómo sus poderes afectan la historia de Europa. Algo así como Alan Moore, con Watchmen, imaginó a un grupo de superhéroes estadounidenses y se preguntó cómo habrían transformado el panorama mundial entre los 50s y los 80s.

a

Clarke mezcla los estilos de autores ingleses como Charles Dickens, Jane Austen y los escritores románticos para generar una atmósfera apropiadamente decimonónica. Además, incluye más de 100 notas al pie, que describen las anécdotas, las figuras, los tomos y las leyendas más relevantes de la magia inglesa. Porque el de Clarke, entre tantas cosas, es un libro sobre libros. Por más que sean magos prácticos, Norrel y Strange también son empedernidos lectores. Es más, Norrel – un literato veterano, y el primero de los dos en saltar a la fama – se convierte en un dictador bibliográfico: compra y resguarda casi todos los textos mágicos de Inglaterra. Incluyan información puramente histórica o listas de hechizos, la mayoría aguarda en los anaqueles de la vasta biblioteca personal de Norrel. Strange – más joven, más arriesgado – se convierte en alumno de Norrel para acceder a esta biblioteca, y ambos pronto entablan una relación delicada: Norrel no quiere prestar sus libros, pero lo tiene que hacer para poder instruir a Strange, el único con quien puede hablar de magia y así apaciguar su soledad; mientras tanto, Strange aprecia a su maestro pero rechaza su conservadurismo y pretende desarrollar sus propios poderes mágicos hasta las últimas consecuencias.

Podríamos esperar que Strange, por su inmadurez y ambición, cometerá algún error catastrófico o se convertirá en un demonio, pero no es el caso. Se equivoca a menudo, es cierto, y su magia lo lleva hacia la obsesión y la autodestrucción, pero el error catastrófico lo comete Norrel, a pesar de su tan mentada prudencia, al convocar a un hada para resucitar a una joven. Esto sucede al principio de la novela, cuando Norrel, que quiere convertirse en una figura social y políticamente importante, decide sorprender a Londres con una proeza mágica. Y es lo que logra al revivir a la prometida de un miembro del Gabinete. Para hacerlo, convoca a un hada, y las hadas, en el mundo de Clarke, son seres amorales e impredecibles. No son exactamente malignas, porque no conciben el bien y el mal, sino que son impulsivas y aniñadas, criaturas inmortales que perciben el tiempo como un encanto infinito, y a los humanos, como títeres en una macabra obra teatral. En el tablero de sus caprichos, las personas reviven, mueren o son encarceladas durante siglos en las mansiones embrujadas y oníricas del reino de las hadas. Norrel consigue lo que buscaba al llamar a una de ellas, pero también cimienta las tragedias que vendrán después (1).

En esta novela, la magia es peligrosa y extraña, algo imposible de controlar. Solo el Rey Cuervo pudo dominarla, y quienes lo siguieron, incluidos Norrel y Strange, fueron apenas malabaristas. Norrel, a pesar de su rol como maestro, casi nunca supera sus propias fronteras entre lo permitido y lo prohibido (salvando la excepción ya mencionada), y cuando Strange avanza por lo desconocido, lo hace a costas de su cordura. Encerrado en una habitación veneciana, busca entrar al reino de las hadas y descubre que la única manera de hacerlo es enloqueciendo. Popularmente, la figura del mago es la de un sabio que utiliza la magia como instrumento. En este caso, es la magia la que instrumentaliza a los hombres, una energía salvaje e indomable.

(1) Aunque en español las hadas generalmente son asociadas al género femenino, el hada que convoca Norrel es – si bien más o menos asexual – definitivamente masculina, un hada macho.

— Guido Pellegrini

Twitter: @beaucine

a1

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s