Lo que viene: Robocop


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Muy pronto se estrenará en cines la remake de Robocop (Paul Verhoeven, 1987), un proyecto que fue anunciado hace varios años y que recién pudo concretarse tras varias vueltas.

El brasileño Jose Padilha (Tropa de Elite 1 y 2) se encarga de ocupar la silla de director y el, famoso por la serie The Killing, Joel Kinnaman será el protagonista, ocupando el lugar que supo llevar Peter Weller en la cinta original.

Obviamente hay mucha expectativa por ver la película, pero también hay mucho temor por el resultado final. Esto, basicamente por dos razones, una lo que deciamos antes respecto de los problemas y retrasos en la producción, y otra el material de promoción que se pudo ver hasta ahora.

El film original es un gran exponente de la ciencia ficción y, a esta altura,  ya es un clásico del género. Es por eso que esta remake tiene muchas chances de quedar en desventaja frente a aquella.

Acompañan a Kinnaman -a quien veremos proximamente en Knight of cups, lo nuevo de Terence Malick-, Gary Oldman -lo veremos en El amanecer del planeta de los simios, la continuación de la gran remake (esta si se salvo) del clásico de los 60-, Michael Keaton -lo veremos en Need for Speed, la adaptación del famoso videojuego y en Birdman, lo nuevo de González Inárritu-, Samuel L. Jackson -lo veremos en Capitán América: Soldado de invierno y en Los vengadores 2: La era de Ultrón– y Jackie Earle Haley.

A continuación les dejamos el trailer de Robocop.

Literatura y cine: Roadside Picnic y Stalker, un diálogo en la Zona


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En la mayoría de las películas o libros de ciencia ficción, cuando nos encontramos con seres extraterrestres, el resultado tiende a confirmar nuestra importancia en el cosmos. Aunque ellos nos traten como esclavos o conejillos de indias, casi siempre reconocen nuestra existencia. Los hermanos Strugatsky, en Roadside Picnic, revierten esta convención. En su novela, los extraterrestres descienden, demoran dos días en la tierra y luego retoman su camino galáctico hacia otra parte. No establecen ningún contacto con nosotros ni nos dejan un mensaje. Solamente arrojan grandes cantidades de desperdicios y basura, que para la humanidad son tesoros incomprensibles.

Los seis puntos geográficos donde aterrizaron son denominados Zonas. La comunidad científica no logra explicar las funciones originales de los objetos descartados, que son adaptados a nuestras necesidades: unos pequeños bloques sirven como fuentes de energía alternativa y unas maravillosas pulseras estimulan los procesos vitales del cuerpo humano. Otros artefactos son menos útiles y hasta peligrosos. Sin embargo, aunque se encuentran fines prácticos para algunos desperdicios, nada se descubre sobre la tecnología extraterrestre, ni cómo funciona ni para qué fue fabricada.

De todos modos, los objetos son codiciados mundialmente. Alrededor del pueblo de Harmont, donde ocurre la acción, surgen emprendimientos comerciales e inmobiliarios, hoteles, negocios, laboratorios científicos y puestos militares, que intentan acomodar y aprovechar el influjo de inmigrantes, muchos de ellos jóvenes, que buscan la gloria y el éxito en la Zona al lado del pueblo. Algunos intrépidos contrabandistas, conocidos como stalkers, entran en la Zona en busca de artefactos para después venderlos en el mercado negro. Las autoridades intentan erradicarlos, pero ellos son demasiado escurridizos y las recompensas, demasiado tentadoras. Igualmente, cada vez quedan menos stalkers: el trabajo es difícil y la Zona está cubierta de trampas mortales, tormentas de fuego y electricidad, trucos gravitacionales y otros efectos inverosímiles. Además, los hijos de estos contrabandistas nacen deformes. Sin ir más lejos, el protagonista de la novela, Redrick, llama a su hija Monito.

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La novela, célebremente, fue adaptada al cine por el director ruso Andrei Tarkovsky. Se trata de una adaptación libre. Supuestamente, la primera versión de Stalker, el film de Tarkovsky, se perdió para siempre cuando un accidente arruinó los negativos. Sin otra alternativa, el director emprendió una segunda versión, que resultó ser más personal que la primera. Y es ésta la que conocemos hoy en día. La película pasa por alto la visita extraterrestre. Como en la novela, hay una Zona donde ocurren eventos extraños, pero nadie sabe qué fue lo que la originó. Quizás un meteorito o una presencia sobrenatural. La Zona emana un aire tenebroso, impredecible, onírico, fantasmático, pero nunca muestra explícitamente algo fuera de lo común. Los personajes se pierden y caminan en círculos, sufren crisis existenciales, observan el paisaje con temor, miran el saludo de los árboles en el viento, disfrutan sensaciones casi eróticas al empaparse en la humedad del pasto… Los obstáculos no son físicos, sino psíquicos y filosóficos.

Un ejemplo ilustra la diferencia entre film y novela. Los Strugatsky escriben sobre el llamado Triturador de Carne, una fuerza invisible que envuelve a la víctima como una boa y la retuerce en el aire hasta despedazarla. Tarkovsky la reinterpreta. En su película, el Triturador no es otra cosa que una habitación amplia, una cueva recubierta de pequeñas dunas. En ella, la víctima debe enfrentar y resolver, en soledad, sus dudas más profundas y traumáticas. El peligro es mental, no físico.

Entre film y novela, hay un cambio geográfico. El pueblo de Harmont se ubica en algún país de Occidente, quizás Canadá. Esto es importante, porque los hermanos Strugatsky critican el orden capitalista que domina Harmont al mostrar cómo la Zona y sus secretos son comercializados. Increíblemente, a pesar de este trasfondo, la novela no agradó a las autoridades soviéticas. Boris Strugatsky, en el epílogo de la versión inglesa de Roadside Picnic, admite que la censura no se dio por cuestiones ideológicas o políticas, sino más bien estéticas. La ciencia ficción, para el dogma oficial, era un género para chicos y adolescentes, quienes necesitaban textos que inculcaran valores ideales. Roadside Picnic era demasiado cruda y pesimista. Tarkovsky redobla la apuesta, y no sorprende que haya enfrentado incluso mayores problemas que los Strugatsky. (Eventualmente, terminó exiliado.) Es que la trama, si bien no parece estar ambientada en algún punto específico del mapa, bien podría ocurrir en la Unión Soviética.

Además, un hecho histórico terminó vinculando estrechamente a la película con la situación soviética: el desastre de Chernobyl. Si bien pasaron 7 años entre el estreno del film y la tragedia nuclear, es imposible no advertir las semejanzas entre ficción y realidad: un cerco militarizado alrededor de una zona prohibida y abandonada, donde la naturaleza lentamente invade las últimos vestigios de cultura humana, y donde la aparente tranquilidad exterior esconde riesgos insospechados. Obviamente, en el caso de Chernobyl y la ciudad de Pripyat, la presencia maligna e inhumana es la radiación. En Stalker, nunca sabemos si verdaderamente existe una presencia semejante o si todo lo que escuchamos sobre la Zona es una fabulación de los protagonistas.

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Si algo distingue al film de la novela, es que el primero aborda cuestiones más metafísicas, mientras la segunda desarrolla un contexto social más amplio, donde los destinos de los individuos se cruzan en el pueblo de Harmont. Roadside Picnic investiga cómo reacciona la humanidad ante la más completa Otredad. Inevitablemente, los objetos descartados por los extraterrestres se convierten en elementos de la cultura terrícola. Son recontextualizados y resignificados como fuentes de conflicto, intercambio, capital económico e intelectual. La cuestión antropológica de sus funciones originales pasa a un segundo plano. Incluso, las consecuencias biológicas y éticas de la Zona son ignoradas ante la marcha inexorable del progreso y el comercio. Sin embargo, los gobiernos, las fuerzas militares, los gerentes capitalistas y los stalkers, por más poderosos que se consideren, son irrelevantes. Los extraterrestres vinieron y se fueron, y lo único que dejaron fue una montaña de chatarra.

Tarkovsky, en cambio, agudiza su mirada. La suya es la historia íntima de tres hombres: un científico, un escritor y el stalker del título. Este último, más que un contrabandista, es un hombre espiritual. Su fe es la Zona. Como Redrick, tiene una hija discapacitada a la que llama Monito, fruto de sus incursiones en terreno prohibido. Pero no se parece a un mono, como su doble literario, sino que simplemente no puede caminar. Los tres hombres, liderados por el stalker, quieren llegar a una habitación escondida en la Zona que, según dicen, concede todos los deseos. En la novela, los stalkers extraen materiales de la Zona. El personaje de Tarkovsky, en cambio, se dedica, no a la extracción, sino a la inserción de personas curiosas y arriesgadas. Resumiendo, el film muestra una región post-industrial, donde el contexto social y económico, tan bien retratado por los hermanos Strugatsky en el caso de Harmont, es inabarcable. Los personajes no inciden en la situación de su país o ciudad. O por lo menos, no los vemos en un contexto donde puedan hacerlo.

La Otredad, en Tarkovsky, no viene del espacio. Es la tierra que nos rodea, la naturaleza, los recuerdos, las esperanzas… El contexto social se limita a un bar de mala muerte y a lo que cuentan el científico y el escritor sobre sus ámbitos académicos o literarios. Más allá de eso, los tres protagonistas deambulan por el vacío. La Zona, más que un lugar mágico, es una visión del futuro. Un terreno custodiado pero también abandonado a la intemperie, donde nuestros escombros anuncian un tiempo sin personas. Se ubica fuera de los límites de nuestra comprensión, precisamente porque sus árboles, praderas y riachuelos nos resultan familiares. Ni siquiera podemos satisfacernos con la excusa de que es un paisaje extraterrestre. Es nuestra tierra y, al mismo tiempo, no lo es. Como si fuera una aproximación dibujada por un ciego que alguna vez pudo ver y que ahora solo puede pintar, sobre un lienzo oscuro, las imágenes mentales que conserva. La Zona vuelve líquido e incierto todo lo que pensábamos concreto y verdadero. Nos obliga a empezar otra vez, como en la infancia, a investigar el mundo.

— Guido Pellegrini

Twitter: @beaucine

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Estreno: Star Trek, en la oscuridad


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La saga de Star Trek es una de las mas largas y exitosas del género sci-fi. Creada por Gene Roddenberry, comenzó en 1966 con una serie para televisión que hoy en día se ha transformado en serie de culto para miles de fans. Y es que, junto a Star WarsStar Trek es la otra gran saga con millones de seguidores fanatizados alrededor del planeta.

La serie original -y el resto de los productos relacionados- relata las aventuras de los tripulantes del Enterprise, una nave espacial que viaja por el universo en búsqueda de nuevos planetas y civilizaciones.

Tras la serie mencionada se hizo una versión de animación y una sucesión de películas para cine, además de expandir la franquicia a otras series y todo tipo de merchandising como: videojuegos, juegos de rol y novelas.

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En 2009,  J.J. Abrams  (ahora también al frente del regreso de Star Wars, la otra gran saga) se hizo cargo de un reboot (reinicio) de la saga, con una película para cine, que también funciona como precuela, contando los orígenes de la tripulación del Enterprise, la nave en donde viajan los protagonistas.

Ahora, cuatro años después, llega la continuación de ese film: Star Trek, en la oscuridad (Star Trek: Into darkness, 2013),.

J.J. Abrams repite en la silla de director y también lo hacen los actores principales: Chris Pine (James T. Kirk) – lo veremos en Jack Ryan, lo nuevo de Kenneth Branagh, que vuelve a llevar a la pantalla grande al agente creado por Tom Clancy en sus famosas novelas-; Zachary Quinto (Spock); Simon Pegg (Scotty) -lo veremos en The World’s End, lo nuevo de Edgar Wright; Karl Urban (Bones) -lo veremos en Riddick, lo nuevo de David Twohy; Zoe Saldana (Uhura); Anton Yelchin (Chekov) -lo veremos en Odd Thomas, lo nuevo de Stephen Sommers y en Only Lovers Left Alive, lo nuevo de Jim Jarmusch; John Cho (Sulu); Bruce Greenwood (Chritopher Pike) -lo veremos en Devil’s Knot yQueen of the Night, lo nuevos films de Atom Egoyan. Además veremos a Peter Weller y a Alice Eve.

A continuación les dejamos el último trailer de Star Trek:

BAFICI: In the Dust of the Stars y Eoloma


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Gottfried Kolditz, con In the Dust of the Stars, nos ofrece todo lo que nunca pedimos en una historia intergaláctica. Luego del estreno de 2001: odisea del espacio, algunos cineastas y productores, desde el otro lado de la cortina de hierro, decidieron emprender una “carrera del espacio” cinematográfica y producir versiones comunistas (y, por lo tanto, “mejores”) del clásico de Stanley Kubrick. En Alemania oriental, durante los años 70s, los encargados de recorrer este camino futurista fueron los estudios DEFA.

Además de In the Dust of the Stars, el BAFICI también proyecta Eoloma, de Herrmann Zschoche, otra oferta de DEFA. No es tan memorable como la primera, porque es más sobria, un poco menos kitsch y muy despareja. Eoloma trata sobre un grupo de cosmonautas enfilados hacia el planeta del título, un “segundo edén” en el espacio. Para hacerlo, nuestros héroes primero deben sortear las trabas burocráticas que obstaculizan su aventura científica y trascendental, lo que aporta una interesante crítica política, tratándose de un film oficial y orgullosamente comunista. Es una cinta dramática, pero lo arruina todo con escenas incurablemente ridículas. Una de ellas aparece durante un momento melancólico y reflexivo, que rápidamente se convierte en cómico: en la misma, dos amantes, desde polos opuestos de una playa, corren en direcciones opuestas hasta chocarse en una erupción de amor y música empalagosa. Es uno de los clichés más insoportables del cine romántico, tan insoportable que ni siquiera se puede repetir sin distancia irónica. Excepto en este caso, donde no existe ninguna distancia. También nos encontramos con un robot-lavarropas vintage, que incluso sufre una crisis existencial y, perturbado, se descompone tras un cortocircuito psicológico. El humor es intencional: Zschoche y su equipo pretendieron que el robot resulte gracioso. Lo que no queda tan claro es por qué. Eoloma es un film relativamente serio, con pretensiones filosóficas, que de repente es interrumpido por un personaje propio de Douglas Adams en Guía del autoestopista galáctico (pienso, obviamente, en Marvin el androide paranoico), y solo por unos breves minutos, ya que luego vuelve a dominar la solemnidad.

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Por suerte, esta falta de coherencia no se manifiesta en el film de Kolditz, porque In the Dust of the Stars es demente y estrafalaria durante todo su metraje, y en ningún momento abandona su registro carnavalesco y camp. Es, además, mucho más original que Eoloma, cuyas imágenes muchas veces son calcos de 2001. Stars, en cambio, es más parecido a un musical, y no sorprende que Kolditz haya empezado su carrera como asesor musical para DEFA. Como sugiere Jim Morton, en su East German Cinema Blog, el film es casi un teatro de revista, con escenas cargadas de color y ritmo que aportan poco a la trama.  Los protagonistas de Stars son del planeta Cynro, y como buenos comunistas, solamente hablan sobre el amor fraternal y la hermandad de la humanidad. Llegan al planeta Tem 4 luego de escuchar una señal de socorro, pero al descender y hablar con los pobladores, descubren que la señal fue únicamente un ensayo. Luego de un tiempo, destapan la verdad escondida de Tem 4: la civilización que les dio la bienvenida es, en realidad, una fuerza de ocupación imperialista, y los verdaderos nativos del planeta han sido esclavizados y obligados a trabajar en inmensas minas subterráneas.

Aunque esta sinopsis no sugiera un film muy disparatado, Kolditz se divierte con su alegoría anti-yanqui y dirige un imponente desfile kitsch. El dictador de Tem 4, por ejemplo, dispara balas desde lo que parece un bolígrafo, y en distintos momentos, aparece con el pelo teñido de rojo, blanco o azul, los colores de la bandera del imperio estadounidense. Sus súbditos, por otro lado, son hippies intergalácticos, envueltos en vestidos multicolores y adictos a la música, el sexo y los bailes alucinógenos. Cuando el dictador pronuncia un chiste o un comentario ambiguo, sus soldados inmediata y obsecuentemente largan carcajadas robóticas y sincronizadas. Al principio, los cosmonautas de Cynro se dejan seducir por esta decadencia drogadicta y occidental, pero eventualmente despiertan de su estupor y rescatan a los esclavos.

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Es todo bastante absurdo, y aunque hoy en día la película nos parezca quizás más alocada de lo que fue en su momento, es evidente que nunca deseó ser tomada en serio. Pero la comedia de In the Dust of the Stars es solamente extravagante, y no logra las alturas de, por ejemplo, Kin Dza Dza, de Georgi Daneliya, tan hilarante y estrambótica como In the Dust of the Stars, pero mucho más sutil y ambigua. Obviamente, ambas surgieron en contextos distintos: la de Kolditz es alemana y de los 70s, y es una parodia de cierta estética contemporánea yanqui; mientras que la de Daneliya es soviética y de los 80s, y es una visión absurdista y delirante de la condición humana. Ambas plantean, desde una perspectiva comunista, una versión extraterrestre y lisérgica de Estados Unidos, pero si In the Dust of the Stars es un documento museístico de su época, Kin Dza Dza todavía mantiene su frescura, y sus sentidos son más esquivos: puede interpretarse como una sátira salvaje del capitalismo, pero el mundo mercantilista y monetario que representa funciona, además, como figura de la corrupción soviética y su culto de la personalidad, en pleno glasnot (período de apertura política y cultural) durante el gobierno de Gorbachov. O sea, como diríamos en Argentina, Kin Dza Dza “no se casa con nadie” (quizás porque Daneliya, aunque era ciudadano soviético, es oriundo de Georgia -entonces parte de la Unión Soviética-, y esta condición de outsider se entrevé en su película, como postula Margarita Georgieva en un artículo para la Universidad de Niza Sophia Antipolis).

De todos modos, lo interesante de In the Dust of the Stars es que es una visión futurista desde el punto de vista comunista. Digo esto porque, generalmente, el cine de ciencia ficción que recibimos en Argentina es estadounidense, y por lo tanto, la ideología que nos bombardea desde la pantalla casi siempre apunta en una misma dirección: la excepcionalidad del individuo en una sociedad sumisa y dominada, donde el antídoto para todos los problemas mundiales y universales es siempre el héroe, el único hombre, el protagonista. Incluso en films que coquetean con posiciones de izquierda, esta tendencia se repite: The Matrix, V for Vendetta, Equilibrium, Avatar, etcétera. El héroe puede trabajar en equipo, pero él es irremplazable. En el caso de In the Dust of the Stars, aunque uno de los protagonistas sea más preponderante que los demás, el énfasis está puesto en la importancia del grupo y en su esfuerzo colectivo.

— Guido Pellegrini

Twitter: @beaucine

Lo que viene: Looper


Looper es una cinta de ciencia ficción que promete ser un gran entretenimiento y una de los films importantes de este año dentro del género.

Protagonizada por Joseph Gordon-Levitt -a quien podemos ver en los cines en la última de Batman- y Bruce Willis -muy activo ultimamente, lo veremos proximamente en Los indestructibles 2 junto a los mas grandes del cine de acción, en Moonrise Kingdom dirigido por Wes Anderson, y el año próximo en la segunda parte de G.I.Joe y la quinta parte de Duro de matar-, este film pertenece al subgénero de viajes en el tiempo, pero también es una cinta policial y de intriga.

Acompañan en el elenco: Emily Blunt -a quien veremos el próximo año en otra cinta de sci-fi, All you need is kill, junto a Tom Cruise-, Paul Dano -lo veremos el año que viene en lo nuevo de Steve Mc Queen, Twelve years a slave– y Jeff Daniels.

A cargo de la dirección esta Rian Johnson, quien también firma el guión de esta interesante película.

A continuación les dejamos el entretenido trailer de Looper.