Viñetas Argentinas en el Cine (parte 1)


A pesar de la larga tradición que posee la Argentina en materia de historietas, y de la facilidad que reviste el traspaso de este género al cine –cuestión comprobada en exceso, en estos últimos años, por las producciones hollywoodenses- pocas han sido las obras del noveno arte argentino que han llegado a la pantalla grande. Vale la pena, entonces, hacer un breve repaso por todas ellas, sobre todo porque muchas son prácticamente desconocidas por el gran público, y varias guardan un nivel de calidad más que aceptable.

De forma totalmente arbitraria, he decidido dividir a estas producciones en tres grandes grupos –más una especie de prólogo, o prehistoria, y un apéndice sobre documentales-, de acuerdo a criterios temáticos y de temporalidad que las asemejan. Veamos, a continuación, de qué y de quiénes estamos hablando.

Prólogo

Serie de Pancho Talero (1929 – 1931). Dirigida por Arturo Lanteri, basada en su historieta Las aventuras de Pancho Talero.

Pionero de la historieta en nuestro país, Arturo Lanteri es considerado el primer historietista en utilizar plenamente los recursos propios de la narración en viñetas. A fines de la década del ’10 escribe y dibuja series muy populares como El Negro Raúl y Aventuras de Filemón Tijereta, entre otras. En 1922 crea para la revista El Hogar, Las aventuras de don Pancho Talero, una tira costumbrista muy influenciada por el Bringing up father, de George McManus. Con unos 20 largos años de publicación, esta historieta retoma el uso de los globos  para indicar los diálogos de los personajes, y es además la primera en generar una suerte de merchandising, con muñequitos y caretas de carnaval con la cara del protagonista.

Dentro de este material externo a la tira, el propio Arturo Lanteri dirigió tres películas sobre el personaje, aunque solo se conserva un fragmento de la última: Las aventuras de Pancho Talero (1929), Pancho Talero en la prehistoria (1930) y Pancho Talero en Hollywood (1931). El rol protagónico está a cargo del actor Pepito Petray.

 

Primera época: La Edad Dorada

Esta primera denominación viene a cuenta de dos factores que convergen en una misma época (década del ’40 y principios del ’50). Por un lado, la creciente popularidad de publicaciones de historieta, humor y actualidad que se editaban en la Argentina. Revistas como Patoruzú y Patoruzito (de Dante Quinterno), o Rico Tipo (de Guillermo Divito), entre otras, podían llegar a vender cientos de miles de ejemplares por semana, en un éxito editorial jamás superado al día de hoy. Por el otro, se vivía también un momento de gran producción en la industria cinematográfica argentina, que poco tenía que envidiarle a su par Hollywoodense. Se rodaban una gran cantidad de películas, y el público concurría en masa a ver a sus estrellas favoritas en la pantalla grande.

En este contexto, no resultaba raro que varios de los populares personajes de las revistas de humor tuvieran su versión en celuloide. En total, estas adaptaciones fueron cuatro:

Fúlmine (1949). Dirigida por Luis Bayón Herrera, basada en la tira de Guillermo Divito.

Fúlmine es una versión en viñetas del clásico jettatore: un tipo que, muy a su pesar y sin ninguna mala intención, le infunde mala suerte a cualquiera que se le acerque. La película, protagonizada por el popular comediante Pepe Arias, muestra al personaje haciendo de las suyas en distintas situaciones, aunque sin respetar el aspecto medio “funebrero” que mostraba en la historieta.

Avivato (1949) Dirigida por Enrique Cahen Salaberry, basada en la historieta de Lino Palacio.

Avivato es un personaje que siempre se las rebusca –en una maniobra típicamente argentina- para zafarse de sus obligaciones y obtener ventajas con el mínimo esfuerzo. La película, protagonizada por el exitoso actor Pepe Iglesias, “El Zorro”, en realidad está basada en una obra de teatro de George Milton, El Rey de los Garroneros, y se aprovechó de la fama de Avivato solamente para atraer más público. El argumento, de hecho, poco tiene que ver con la premisa original de la tira: aquí Avivato confunde a una manicura con una millonaria –que, a su vez, también lo confunde a él con un hombre de fortuna-, se enamoran, y tratan de disimular su verdadera condición, hasta que se descubre la verdad.

Don Fulgencio, el Hombre que no tuvo Infancia (1950). Dirigida por Enrique Cahen Salaberry, basada en la historieta de Lino Palacio.

Cahen Salaberry reincide en el cine con otro personaje del gran Lino Palacio, pero esta vez con una conexión mucho más directa con la tira original. Don Fulgencio es un señor entrado en años, de impecable traje y moño, que, como indica el título de la historieta, se divierte sin pudor con juegos y travesuras de niños. En el filme, el protagonista (encarnado estupendamente por el actor Enrique Serrano) cae víctima de un engaño por parte de sus amigos, quienes le hacen creer que su novia le es infiel. Desilusionado, se refugia en los juegos infantiles hasta que descubre que todo se trata de una broma.

Piantadino (1950). Dirigida por Francisco Mugica, basada en la historieta de Adolfo Mazzone.

Nuevamente, Pepe Iglesias interpreta a un personaje de historieta que guarda muy poca relación con el original. Don Piantadino, tal el nombre de la tira, cuenta las desventuras de este hombre que inventa las mil y una artimañas para escapar de la cárcel –pero nunca lo logra-. En la película, Piantadino es un corredor de seguros que se enemista con su jefe luego de que este se entera que está noviando con su hija. Aparecen dos de los personajes secundarios de la tira, Afanancio (que también tuvo su propia tira de historietas) y Batilio –compañeros de celda de Piantadino-, que en la película utilizan al protagonista para asegurar objetos que luego harán desaparecer.

Mención aparte merece el cortometraje de animación Upa en Apuros, primera aparición del célebre cacique Patoruzú fuera del universo de la historieta. El filme, de unos 10 minutos de duración, fue realizado por el recién inaugurado Sindicato Dante Quinterno, el primer y único intento de Syndicate realizado en la Argentina. La dirección corrió por cuenta de Tito Davidson, mientras que Tulio Lovato (uno de los principales guionistas de Patoruzito) se encargó de la producción, y Oscar Blotta (creador de otro popular personaje, el Gnomo Pimentón), de la animación principal. Merece destacarse también el trabajo de Gustavo Goldschmidt en los fondos, y del compositor Melle Weersma en la banda sonora. El propio Dante Quinterno elaboró el story-board del corto.

El argumento está basado en una de las aventuras de la historieta original, en la que el gitano Juaniyo intenta raptar a Upa, el hermano menor de Patoruzú. En su intento por rescatarlo, el indio tendrá que vérselas contra el temible oso del gitano. La excelente calidad en la animación y los dibujos, comparable a la de monstruos como Disney o Warner, y el agregado del color –es el primer dibujo animado argentino en colores- demandaron un enorme esfuerzo de producción y costos altísimos. Tal es así que el estreno planeado para el 21 de abril de 1942, tuvo que posponerse al 20 de noviembre, como variedad de la exitosa película La Guerra Gaucha. A pesar de las pérdidas económicas que sufrió Quinterno por esta producción, Upa en Apuros aun hoy se mantiene como uno de los máximos exponentes de la animación argentina.

Los espero en la segunda parte de este especial sobre historietas y cine, pero antes les dejo el corto Upa en apuros. Que lo disfruten!

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