Rinoceronte, una belleza terrible y azul ha nacido en Lisboa


La Boca. Fundación Proa. En un rincón de la exhibición que “comparte algunos de los múltiples contenidos, mensajes y articulaciones formales y conceptuales que conformaron la experiencia de la 11ma Bienal de Lyon (2011)” (1), hay un panóptico.

Titulada Una terrible belleza ha nacido aquella bienal sigue evocando en su sonido al poeta Yeats. Y entre los pliegues del aire Javier Téllez, artista venezolano, se las ingenia para captar cómo un rinoceronte puede escabullirse entre tus dedos. No sin dejar en las manos el rastro azul de las paredes de Lisboa.

Bastará con que te asomes a Proa y busques. Acaso tengas que esperar a que otras obras sucedan. Pero en algún momento vas a ver pasar al rinoceronte, entre los ecos de las voces de una serie de “pacientes psiquiátricos” lisboetas que escribieron y actuaron para el video. Todos hijos de estos hilos de Pessoa, que no aparecen en el video de Téllez pero por eso mismo están presentes:

“Estaré tranquilo en una casa pequeña de los alrededores de algo, gozando de un sosiego en el que no haré la obra que no hago ahora, y buscaré, para continuar el no haberla hecho, disculpas diferentes de aquella en que hoy me esquivo a mí mismo. O estaré internado en un asilo de mendigos, feliz por la derrota completa, mezclado con la ralea de los que se creyeron genios y no fueron más que mendigos con sueños, junto con la masa anónima de los que no tuvieron poder para triunfar ni renuncia generosa para triunfar al revés. Esté donde esté, recordaré con nostalgia al patrón Vasques, a la oficina de la Calle de los Doradores, y la monotonía de la vida cotidiana será para mí como el recuerdo de los amores que no tuve, o de los triunfos que no habrían de ser míos”. (2)

Por si querés llevar pertrechos, aquí te comparto un mapa del hospital psiquiátrico Miguel Bombarda de Lisboa…

Y en él, también, los ecos de Jeremy Bentham.

Y la avidez por la fabulosa historia del animal que murió en altamar antes de ver al Papa pero no sin haber visto a Durero.

Y la pregunta por el artista, Javier Téllez.

En la era del  googleo, será cuestión de que cada quien cargue a gusto su bodega, ayudará a encontrar los matices del azul.

Lic Guillermo Cabado

(psicoanalista, en diálogo con el hacer del arte)

Las imágenes pertenecen a la obra de Téllez, “El rinoceronte de Durero”, video de 41′ 10′.

(1) parte del comentario de la curadora de la muestra Victoria Noorthoorn

(2) “Libro del desasosiego”, pag 54 de edic.  Emecé, de Fernando Pessoa

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