Las diez mejores películas del 2013 (Parte 1)


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Aunque haya pasado el tiempo y ya estamos a mediados del 2014, en general es por esta época cuando uno ya vio suficientes películas del año pasado como para poder elegir con toda impunidad una lista de diez favoritas. Eso es lo que voy a proceder a hacer. Además agregué tres secciones suplementarias: la de la peor película del año, la de la mejor película argentina y el mejor documental. Cabe aclarar que una película argentina podría entrar entre las diez mejores, aunque no haya sido el caso este año. Al documental sí me parece bien mantenerlo como género aparte.

Voy a empezar por hacer un poco de trampa y mencionar algunas películas que no llegaron al corte pero que de todas maneras merecen verse. Como El Congreso, híbrido con animación en el que Robin Wright se interpreta a ella misma como una actriz que decide digitalizar su imagen para seguir actuando en la posteridad, un delirio importante inspirado por una novela de Stanislaw Lem, autor de Solaris. Seguido por Sólo Dios Perdona, un derroche de genialidad visual ambientado en Tailandia repleto de violencia extrema y de enfermos complejos edípicos. Big Bad Wolves, una película de Israel, que en estos tiempos violentos cobra una relevancia que tal vez no percibí la primera vez que la vi, una historia de venganzas cruzadas que Tarantino señaló como lo mejor del 2013, con toda lógica ya que el ritmo y el tono parecen claramente inspirados por sus películas. The East es un thriller sobre una espía que se infiltra en un grupo de anarquistas, y la segunda película escrita por la joven Brit Marling (también actriz) que me vuela la peluca, después de Another Earth. Y, finalmente, El Teorema Zero, lo último de Terry Gilliam, una película que se relaciona directamente con Brazil y nos traslada a una distopia en la que todos trabajan para resolver una ecuación que explique el milagro de la vida.

10. Inside Llewyn Davis (Hermanos Coen)

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Traducida en Argentina como Balada de un hombre común. Los que me conocen saben que soy fanático incondicional de los Coen, y que los encuentro siempre variados e interesantes, desde la comedia pura como El Gran Lebowski hasta una joya del cine negro como El Hombre que Nunca Estuvo o una pesadilla metafísica como Barton Fink. Sin embargo, hace unos años, con Un Hombre Serio, los hermanos hicieron algo novedoso en sus carreras: una película que era en su totalidad el estudio de un personaje en lucha constante con el mundo caótico que lo rodea, en ese caso un profesor de matemáticas judío, y en esta nueva obra un cantante de folk que vive a la sombra de personajes más exitosos como Bob Dylan.

Los Coen son maestros tonales, y llevan adelante esta película lenta, sin casi intriga en su argumento salvo la producida artificialmente por un gato que se pierde, gracias a la calidad de las actuaciones y la belleza melancólica del mundo que recrean: la Nueva York de los músicos underground en los años sesenta, en donde se toca en bares para tener un plato de comida caliente a la hora de la cena. Otra característica de los Coen: recrear siempre a la perfección una parte distinta de los Estados Unidos en un contexto histórico específico. Y, por supuesto, el humor ácido y absurdo que vienen arrastrando desde sus inicios.

9. El Conjuro (James Wan)

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La sorpresa del año fue para mí esta película de casas embrujadas de un director ya especialista en el cine de género. Está inspirada además por personajes reales, el matrimonio de investigadores paranormales conformado por Ed y Lorraine Warren, cuyos casos publicados también formaron la base para El Horror de Amityville, y hasta la muñeca maldita que sirve de prólogo a la historia principal tiene su antecesora en la vida real.

Lo mejor que se puede decir de El Conjuro es que cumple exactamente lo que casi todo el cine de terror promete en vano: ser atrapante, escaparse del ridículo y perturbar al espectador. Esto lo logra gracias a un trabajo impecable de Wan en lo visual y sobre todo en lo sonoro; desde su debut con El Juego del Miedo (que tampoco es mala) este muchacho ha mejorado un montón y se ha vuelto audaz y muy creativo con la cámara. Hay una escena en particular en la que Wan prolonga una toma y la propia imaginación conjura visiones en donde sólo hay una esquina oscura.

8. Antes de la Medianoche (Richard Linklater)

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Casi por obligación tenía que estar incluído el final de esta trilogía, una de las sagas cinematográficas más realistas e idiosincráticas que se han hecho, sobre todo teniendo en cuenta que para cada entrega Linklater dejó transcurrir un intervalo de diez años para que Ethan Hawke y Julie Delpy envejecieran en tiempo real y que además está admitido por todos que el guión siempre resulta de una colaboración entre director y actores, a base de improvisaciones y de indagar sobre los personajes. De esta manera Jesse y Celine alcanzan un grado superior de verosimilitud y de conexión con el espectador.

Tal es la identificación que se logra que muchos de los que venían de disfrutar las dos entregas anteriores se quejaron de que en Medianoche a Jesse y Celine se los vea cansados y muy poco enamorados: rodeados de hijos, cada uno por su lado, y peleándose constantemente, destacándose de hecho lo miserable de las quejas de Celine, ahora resentida de que Jesse sea un escritor famoso o de que se tome vacaciones para estar sólo con su hijo. Me parece un destino irremediable para una saga con tanto compromiso con reproducir un romance real. Si Amanecer se trataba de la pasión del enamoramiento y Atardecer de la nostalgia de un reencuentro, para ésta sólo quedaba mostrar el costado terrible del matrimonio.

7. La Sospecha (Denis Villeneuve)

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Otra agradable sorpresa fue conocer a un director interesante como lo es el canadiense Villeneuve, que hizo en el año no uno sino dos thrillers memorables. El otro se llama El hombre duplicado y está basado en una novela breve de Saramago. Elegí éste, que a pesar de tener un argumento que nos puede sonar más convencional, hace maravillas con el elenco y la atmósfera y mantiene la tensión durante las más de dos horas de duración.

Ni Hugh Jackman ni Jake Gyllenhaal me parecen actorazos, pero si sólo los hubiera visto en esta película los tendría en una estima mucho más alta. El primero interpreta al padre de una niña desaparecida y el segundo al detective encargado del caso. Mortificado por la burocracia de la justicia, Jackman decide tomarse el asunto en sus propias manos, con resultados bastante morbosos. Mérito aparte merece el director de fotografía Roger Deakins, un artista de la luz que dota a cada escena de una belleza singular.

6. Stoker (Park Chan-wook)

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El nombre de este director coreano no le sonará tan extraño a cualquiera que haya visto Oldboy, una obra maestra contemporánea imposible de olvidar. Hay películas que pertenecen a los guionistas y otras que claramente pertenecen a los directores: este es el segundo caso, ya que Park utiliza una cantidad inagotable de movimientos de cámara, símbolos y recursos visuales para profundizar en esta historia, que en realidad no tiene mucho de original, ya que está profundamente influenciada por La Sombra de una Duda de Hitchcock hasta en los nombres de personajes clave como el siniestro Tío Charlie.

India es una chica solitaria que queda huérfana cuando su padre Richard muere en un accidente. Junto a su madre (brillantemente interpretada por Nicole Kidman) reciben la visita del Tío Charlie, que va revelándose como un psicópata peligroso que seduce a las dos. El argumento toma incontables giros inesperados, al punto que los amantes de la coherencia en los guiones se van a dar por vencidos antes de la media hora, pero la gracia está en cómo dirige Park cada secuencia y en cómo explica la psicología de los personajes usando pura y exclusivamente las imágenes. En su traslado a Hollywood le fue mucho mejor que a Bong Joon-Ho, otro maestro que con su Snowpiercer parece haberse visto mucho más apremiado por producir una película occidental.

— Pablo Draletti

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