Cine: Star Trek: Into Darkness, repercusiones de un universo reinventado


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Hace poco, en una de mis notas anteriores, hablé del trío Nolan, Snyder y Gayner y sobre el tema de resucitar o dar forma nueva a los clásicos. En esa nota en particular me referí a la nueva película de Superman. Hoy voy a resaltar el trabajo de J.J. Abrams, quien, como el trío ya mencionado, ha sabido rejuvenecer o darle un nuevo giro a una historia bastante conocida en el ámbito de la ciencia ficción.

Si bien la franquicia Star Trek es de larga data (nació en 1966), también es verdad que se caracterizó por su forma de contar historias de aventuras espaciales. Por un lado, estaba toda su dialéctica técnico-futurista (muchas referencias tenían relación con verdaderas hipótesis científicas e incluso varios aparatos que se mostraron en la serie inspiraron a fanáticos que luego, en la vida real, crearon aparatos similares) y por otro lado, su ambientación, en un futuro en el que reina la mentalidad pacifista (al menos, en el caso de los humanos), contrariamente a lo que sucedía en aquella época e incluso hoy en día, ya que dicha mentalidad es más utópica que real. Star Wars (su eterno rival) es más verosímil en la manera en que desarrolla sus conflictos, que no son tan intelectuales (por decirlo de una manera). Cuando nació la primer serie de Star Trek – hoy conocida como Star Trek: The Original Series – la misma fue de bajo presupuesto, por lo que duró tres temporadas hasta su cancelación en 1969. Aun así, una ferviente cantidad de fans la siguió (y continúa haciéndolo). Este grupo creció y permitió que la serie llegara a convertirse en una de las sagas de ciencia ficción más largas de la historia, gracias a sus spin-offs. Hasta la llegada de la serie Star Trek: Enterprise, capitaneada por Scott Bakula (actor muy conocido en el mundo del sci-fi) entre el 2001 y el 2005, no se volvió a cancela otra serie, a pesar de tener, en muchos casos, una audiencia fiel pero ajustada en cuanto al ranking.
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Por otro lado, el universo de Star Trek (incluso en las últimas dos películas) no deja de ser una crítica a la sociedad actual, algo muy común en la ciencia ficción, principalmente porque los protagonistas son de un futuro lejano y analizan “fríamente” nuestra época de la misma manera que nosotros revisamos y criticamos algo del siglo XV. (Un episodio donde se puede apreciar mucho este tipo de críticas es el último de la primera temporada de Star Trek: The Next Generation, “The Neutral Zone”). Otra de las particularidades de la serie es que su sociedad es de las más utópicas entre las franquicias más conocidas de la ciencia ficción, más aún si se la compara con la belicista de Star Wars. Los fanáticos de ambas sagas entienden que Star Trek es una aventura científica de exploración y desafío intelectual con una inclinación al pacifismo, mientras que Star Wars tiende hacia las guerras y fantasías épicas. Sin embargo, el pacifismo de la Federación no quita que en el universo de Star Trek haya peleas y batallas. Pero, por lo general, son peleas más de ideología que de otra cosa. El momento más belicoso en la saga de Star Trek ocurre durante la Guerra del Dominio, que se pudo apreciar en Star Trek: Deep Space Nine.

En fin, y terminando un poco el resumen del universo trekkie, curiosamente el director y responsable de este renacimiento de la franquicia, sobre el que hoy nos toca hablar, es un fanático declarado de Star Wars, a tal punto que Disney, que compró hace poco todo lo que tenga que ver con George Lucas, se empecinó con que J. J. Abrams, quien había dicho que prefería ver la próxima de Star Wars antes que dirigirla, cambiara de opinión (algo que efectivamente ocurrió). Viendo lo que hizo con Star Trek, creo que la inversión de Disney está en buenas manos.

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Star Trek: Into Darkness, la segunda película de Star Trek de Abrams, cumple con las expectativas y corrige algunas cosas de la primera. El nuevo ritmo de la saga y la onda Star Wars, heredados de la película anterior, todavía se sienten, pero todavía sigue teniendo el aire geek de Star Trek, a tal punto que hace un excelente homenaje-reconstrucción de la segunda película de la saga de Star Trek: TOS (Star Trek: La ira de Khan). Aquellos que vieron el anterior film de Abrams saben que hubo un evento espacio-temporal que modificó y reescribió toda la historia de Star Trek, a tal punto que cualquier modificación en la trama de los personajes es válida. Una maniobra inteligente, teniendo en cuenta que, a lo largo de todas las series y películas que la precedieron, los eventos temporales o dimensionales hacen acto de presencia a menudo. Incluso, hay dos o tres cosas en este universo que tratan de controlar dichos eventos temporales. Por un lado, existe una agencia que se dedica a registrar todos los eventos temporales en los que interviene el personal de la flota, como se ve en los episodios de Deep Space Nine; y por otro lado, se nota que en un futuro se determinan ciertas reglas o directivas para viajeros temporales, como se ve en Star Trek: Voyager y Star Trek: Enterprise. Pero también está el episodio “Mirror, Mirror,” que da un vistazo a los universos negativos de dichas series (Star Trek: The Original Series, Star Trek: The New Generation y Star Trek: Voyager) e incluso en Deep Space Nine logran un tipo de intercambio. Personalmente, estos episodios eran mis favoritos y tienen más relación con el universo propuesto por Abrams que los demás.

En esta nueva entrega, la nave Enterprise recibe la orden de regresar a casa y el capitán Kirk es destituido de su cargo, luego de violar la Directiva Primaria. Cuando una instalación secreta de la Sección 31 es bombardeada, Kirk, Spock y Christopher Pike, el nuevo capitán del Enterprise, se reúnen junto con otros comandantes de la Flota Estelar, cuando el responsable del ataque, el ex agente de la Flota Estela John Harrison, interrumpe el encuentro con una nave de ataque. Kirk logra destruir la nave, pero Pike muere durante el intercambio. Restablecido como capitán del Enterprise, Kirk se dedica a perseguir a Harrison, y pronto descubre su verdadera identidad.

De las cosas que solucionaron, con respecto de la anterior película, es que ya no hay tantas lucecitas molestas (los famosos destellos de lente o lens flare de J. J. Abrams) aunque la nave conserva los paneles y decoraciones súper-luminosos y el nivel de limpieza que roza lo maniático. De todas formas, lo más impactante de este cambio estético es la impresión que causa en quienes vimos las series anteriores, ya que realmente la serie es más sobria y no tan chic. El nuevo Kirk que encarna Chris Pine sigue siendo más entretenido, pícaro y molesto (en el bueno sentido, por momentos tiene toda la impronta del Kirk de Shatner), mientras que el personaje de Kahn que nos presenta Benedict Cumberbatch es soberbio y sorprendente (nuestro querido Sherlock nos demuestra que puede dejar más de un personaje memorable). Zachary Quinto, si bien no tiene la cara alienígena de Nimoy, sigue generando muy bien el aire del viejo Spock, que incluso sigue vivo en este nuevo universo. Lo que sí, el resto del reparto sigue afianzándose, algunos mejor que otros, y debo admitir que me encanta la relación de Spock con Uhura. Creo que, más allá de que no haya existido en la versión anterior, resalta el lado humano y más íntimo de Spock, ya que por una regla impuesta por la vieja guardia vulcana, solo puede mostrar sus sentimientos ante sus parejas.

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Esta película es más tranquila que la anterior, en cuanto a peleas espaciales, ya que la trama es más un “atrápame si puedes,” por lo que podría hablarse de algo cercano a un policial, con muchos eventos en tierra firme. Las naves son usadas en momentos cruciales, para darle más dramatismo a la película, lo cual hace que Into Darkness pueda compararse con la última de Wolverine y Iron Man 3, ya que las tres películas tratan más sobre la evolución de sus personajes luego de los eventos de los films que las precedieron, lo que para mí es un cambio bastante interesante y necesario, más en un universo como el de Star Trek, en el que los capitanes se caracterizan más por su sabiduría, pensamiento frío y astucia. El personaje de Kirk, a pesar de la hazaña que logró en la anterior película, era más un chico con un arma grande que un adulto hecho y derecho (si bien el personaje de Shatner tenía ese aire pícaro, no era tan volátil).

Por eso creo que el film está muy bueno, no solo porque tiene los efectos especiales a los que estamos acostumbrados, sino porque habla más sobre la evolución de los personajes y sus historias personales, que están muy bien logradas por los guionistas. Este nuevo universo reinventado tiene mucha tela para cortar, aunque por lo que se ve, no lo hará bajo la dirección de J. J. Abrams, ya que el universo de Star Wars lo capturó. Pero hay que sacarle el sombrero igual, porque tras sus dos películas de Star Trek, los futuros directores de la saga tendrán un terreno próspero y una nueva camada de fanáticos, quienes si no fuera por la visión de Abrams no se habrían sumado.

 <a rel=”author” href=”https://plus.google.com/107005891006004217533“>Maximiliano R. Esposito</a>

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