BAFICI: In the Dust of the Stars y Eoloma


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Gottfried Kolditz, con In the Dust of the Stars, nos ofrece todo lo que nunca pedimos en una historia intergaláctica. Luego del estreno de 2001: odisea del espacio, algunos cineastas y productores, desde el otro lado de la cortina de hierro, decidieron emprender una “carrera del espacio” cinematográfica y producir versiones comunistas (y, por lo tanto, “mejores”) del clásico de Stanley Kubrick. En Alemania oriental, durante los años 70s, los encargados de recorrer este camino futurista fueron los estudios DEFA.

Además de In the Dust of the Stars, el BAFICI también proyecta Eoloma, de Herrmann Zschoche, otra oferta de DEFA. No es tan memorable como la primera, porque es más sobria, un poco menos kitsch y muy despareja. Eoloma trata sobre un grupo de cosmonautas enfilados hacia el planeta del título, un “segundo edén” en el espacio. Para hacerlo, nuestros héroes primero deben sortear las trabas burocráticas que obstaculizan su aventura científica y trascendental, lo que aporta una interesante crítica política, tratándose de un film oficial y orgullosamente comunista. Es una cinta dramática, pero lo arruina todo con escenas incurablemente ridículas. Una de ellas aparece durante un momento melancólico y reflexivo, que rápidamente se convierte en cómico: en la misma, dos amantes, desde polos opuestos de una playa, corren en direcciones opuestas hasta chocarse en una erupción de amor y música empalagosa. Es uno de los clichés más insoportables del cine romántico, tan insoportable que ni siquiera se puede repetir sin distancia irónica. Excepto en este caso, donde no existe ninguna distancia. También nos encontramos con un robot-lavarropas vintage, que incluso sufre una crisis existencial y, perturbado, se descompone tras un cortocircuito psicológico. El humor es intencional: Zschoche y su equipo pretendieron que el robot resulte gracioso. Lo que no queda tan claro es por qué. Eoloma es un film relativamente serio, con pretensiones filosóficas, que de repente es interrumpido por un personaje propio de Douglas Adams en Guía del autoestopista galáctico (pienso, obviamente, en Marvin el androide paranoico), y solo por unos breves minutos, ya que luego vuelve a dominar la solemnidad.

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Por suerte, esta falta de coherencia no se manifiesta en el film de Kolditz, porque In the Dust of the Stars es demente y estrafalaria durante todo su metraje, y en ningún momento abandona su registro carnavalesco y camp. Es, además, mucho más original que Eoloma, cuyas imágenes muchas veces son calcos de 2001. Stars, en cambio, es más parecido a un musical, y no sorprende que Kolditz haya empezado su carrera como asesor musical para DEFA. Como sugiere Jim Morton, en su East German Cinema Blog, el film es casi un teatro de revista, con escenas cargadas de color y ritmo que aportan poco a la trama.  Los protagonistas de Stars son del planeta Cynro, y como buenos comunistas, solamente hablan sobre el amor fraternal y la hermandad de la humanidad. Llegan al planeta Tem 4 luego de escuchar una señal de socorro, pero al descender y hablar con los pobladores, descubren que la señal fue únicamente un ensayo. Luego de un tiempo, destapan la verdad escondida de Tem 4: la civilización que les dio la bienvenida es, en realidad, una fuerza de ocupación imperialista, y los verdaderos nativos del planeta han sido esclavizados y obligados a trabajar en inmensas minas subterráneas.

Aunque esta sinopsis no sugiera un film muy disparatado, Kolditz se divierte con su alegoría anti-yanqui y dirige un imponente desfile kitsch. El dictador de Tem 4, por ejemplo, dispara balas desde lo que parece un bolígrafo, y en distintos momentos, aparece con el pelo teñido de rojo, blanco o azul, los colores de la bandera del imperio estadounidense. Sus súbditos, por otro lado, son hippies intergalácticos, envueltos en vestidos multicolores y adictos a la música, el sexo y los bailes alucinógenos. Cuando el dictador pronuncia un chiste o un comentario ambiguo, sus soldados inmediata y obsecuentemente largan carcajadas robóticas y sincronizadas. Al principio, los cosmonautas de Cynro se dejan seducir por esta decadencia drogadicta y occidental, pero eventualmente despiertan de su estupor y rescatan a los esclavos.

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Es todo bastante absurdo, y aunque hoy en día la película nos parezca quizás más alocada de lo que fue en su momento, es evidente que nunca deseó ser tomada en serio. Pero la comedia de In the Dust of the Stars es solamente extravagante, y no logra las alturas de, por ejemplo, Kin Dza Dza, de Georgi Daneliya, tan hilarante y estrambótica como In the Dust of the Stars, pero mucho más sutil y ambigua. Obviamente, ambas surgieron en contextos distintos: la de Kolditz es alemana y de los 70s, y es una parodia de cierta estética contemporánea yanqui; mientras que la de Daneliya es soviética y de los 80s, y es una visión absurdista y delirante de la condición humana. Ambas plantean, desde una perspectiva comunista, una versión extraterrestre y lisérgica de Estados Unidos, pero si In the Dust of the Stars es un documento museístico de su época, Kin Dza Dza todavía mantiene su frescura, y sus sentidos son más esquivos: puede interpretarse como una sátira salvaje del capitalismo, pero el mundo mercantilista y monetario que representa funciona, además, como figura de la corrupción soviética y su culto de la personalidad, en pleno glasnot (período de apertura política y cultural) durante el gobierno de Gorbachov. O sea, como diríamos en Argentina, Kin Dza Dza “no se casa con nadie” (quizás porque Daneliya, aunque era ciudadano soviético, es oriundo de Georgia -entonces parte de la Unión Soviética-, y esta condición de outsider se entrevé en su película, como postula Margarita Georgieva en un artículo para la Universidad de Niza Sophia Antipolis).

De todos modos, lo interesante de In the Dust of the Stars es que es una visión futurista desde el punto de vista comunista. Digo esto porque, generalmente, el cine de ciencia ficción que recibimos en Argentina es estadounidense, y por lo tanto, la ideología que nos bombardea desde la pantalla casi siempre apunta en una misma dirección: la excepcionalidad del individuo en una sociedad sumisa y dominada, donde el antídoto para todos los problemas mundiales y universales es siempre el héroe, el único hombre, el protagonista. Incluso en films que coquetean con posiciones de izquierda, esta tendencia se repite: The Matrix, V for Vendetta, Equilibrium, Avatar, etcétera. El héroe puede trabajar en equipo, pero él es irremplazable. En el caso de In the Dust of the Stars, aunque uno de los protagonistas sea más preponderante que los demás, el énfasis está puesto en la importancia del grupo y en su esfuerzo colectivo.

— Guido Pellegrini

Twitter: @beaucine

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