BAFICI: La cápsula


a1

Una película de terror, una fantasía onírica, un cuento de hadas, una publicidad, una instalación de museo, una pesadilla… La cápsula, dirigida por la griega Athina Rachel Tsangari, admite todas estas etiquetas, y en sus breves 35 minutos, inspira un profundo sentimiento de extrañeza. No resulta fácil resumir sus contenidos: retrata a un grupo de mujeres durante cuatro días en una mansión solitaria. O por lo menos, parecen mujeres, aunque quizás ya dejaron de serlo o nunca lo fueron. Los primeros minutos de la película sugieren que ni siquiera son humanas. Parecen ‘nacer’ o generarse espontáneamente debajo de las sábanas de una cama, en el fondo de una montaña de sillas apiladas o detrás de un armario. Una de las mujeres se comporta como una reina y gobierna a las demás como si fueran sus súbditas. De hecho, es la única que no vemos ‘nacer’, porque, como luego descubrimos, es inmortal y supervisa la mansión. Sus jóvenes súbditas –capaces de abrirse el rostro como una compuerta y mostrar, en la cavidad de la apertura, una versión diminuta de ellas mismas, como un homúnculo– solamente sobreviven cuatro días, y en dicho plazo la reina busca una reemplazante, que pueda sucederla en la tarea de existir eternamente. No espiamos ninguna civilización más allá de la isla cicládica donde se encuentra la mansión. Las mujeres mutantes repiten tareas ridículas, abren y cierran ventanas, confiesan sus pensamientos más íntimos, bailan como títeres desenfrenados y tragan las cápsulas del título –óvalos verdes como pequeños huevos de dinosaurio– y lo hacen todo seria y obstinadamente, rindiéndole tributo a un rito milenario que, sin embargo, acaban de aprender.

La cápsula remite fuertemente al corto de Lucrecia Martel, Muta, realizado este último en el marco de una campaña promocional para la línea de ropa Prêt-à-porter de Miuccia Prada, Miu Miu. En ambas, el cuerpo femenino se convierte en un escenario tan perturbador como atractivo. Las actrices o modelos son obviamente hermosas, pero su aspecto agresivo y animal, y sus movimientos tortuosos y contorsionados, son los de criaturas extraterrestres. Se podría decir que ambos cortos, también, son películas de terror con monstruos pero sin víctimas. Las mujeres mutantes recorren el espacio de un barco o de una mansión, y solamente encuentran a sus pares, igual de bellas y deformes. Martel y Tsangari parecen acercarse a la estética de Lady Gaga, no solo porque la moda y el glamour ocupan en ellas un lugar temático central (Martel con los vestidos de Miu Miu, Tsangari con los diseños vanguardistas de Ying Gao, Gaga con su Haus), sino también porque exploran los límites de la sexualidad femenina, tantean un terreno inhóspito y hasta repugnante, donde se supone, según normas sociales, que el cuerpo femenino no debe llegar.

a2

Por momentos, La cápsula es una película confusa y caprichosa, empecinada en exponer sus ideas visuales, un desfile de viñetas surrealistas, donde las escenas parecen desviarse por la superficie de la pantalla sin rumbo ni articulación. Recién hacia el final, descubrimos o nos acostumbramos a un ritmo poético unificador, desenredamos la trama que al principio parecía incomprensible y entendemos que, lejos de ser una narrativa oscurantista y opaca, se trata de un simple cuento de hadas, una leyenda antigua o novela gótica, resumido en media hora. Si La cápsula parece fragmentaria y aleatoria, quizás sea porque no es un film pensado exclusivamente para festivales de cine, para proyecciones lineales donde nos sentamos en una sala y observamos el metraje en su totalidad. En cambio, es parte de una instalación más amplia, enmarcada dentro de la DesteFashionCollection 2012, de la Fundación de Arte Contemporáneo Deste, basada en Grecia (lo que emparenta definitivamente al film de Tsangari con el de Martel, ambos a su vez obras de cine y vidrieras de moda). Actualmente, la instalación ocupa un espacio en la tienda de Barneys New York, y según la descripción en la página web oficial, consiste en una única pantalla donde se muestran dos films simultáneamente, delante de la cual se erige un entramado cuadricular que fragmenta la pantalla y motiva diversos puntos de vista. La proyección en el BAFICI no tiene nada que ver con esta propuesta. Es más convencional y, de alguna manera, termina por descontextualizar la obra. Quizás sea más apropiado interpretar a La cápsula como un objeto-película, según el término de Eric Kohn en IndieWire, que se desenvuelve en varios contextos y se transforma continuamente, tan mutante como sus mujeres enclaustradas.

A modo de post-data, sería injusto omitir la influencia de Aleksandra Waliszewska, artista polaca que co-escribió el guión de La cápsula y marcó explícitamente el estilo del film (algunos fotogramas son calcos de sus pinturas). Tsangari, Ying Gao y Waliszewska, cada una desde su disciplina, unieron sus esfuerzos sin atenuar sus identidades artísticas. En la pantalla, se aprecia tanto la creatividad individual de cada creadora como el resultado polimorfo de su fusión con las demás.

— Guido Pellegrini

Twitter: @beaucine

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s