Festival de Mar del Plata: Cinema, de notre temps: Une journee d’Andrei Arsenevitch


No estoy muy versado ni en el cine documental ni en las obras de Andrei Tarkovski, y salvo por la fantástica cinta Solaris, no tuve la suerte de ver los demás films de este artista ruso. La impresión que me dejó esta película-homenaje del director francés Chris Marker es positiva. Se nota el amor que Marker tiene por el cine de Tarkovski y este primero sabe cómo explicarle al espectador lo que él piensa sobre los films de su ídolo. El guion del francés acompaña y juega con las imágenes documentales para mostrarnos cómo y por qué Tarkovski lo impresionó tanto.

La narradora, con un cálido y hermoso francés, nos cuenta la vida de Tarkovski, y cuando cita alguna película del cineasta ruso, vemos las imágenes de la obra correspondiente, la cual se nos explica y contextualiza sin que el documental se pierda por las ramas. Todo lo contrario: Marker, armoniosamente, expresa lo que quiere decir sobre los siete títulos que componen la filmografía de Tarkovski y comparte, además, datos bibliográficos sobre el director soviético, relacionándolos a las épocas en que rodó cada obra. Una coincidencia interesante mencionada en este documental es que, en la primera escena de la primera película de Tarkovski, aparece un niño con un árbol joven, mientras que en la primera escena de su última película, vemos a un niño con un árbol muerto… Presagio, quizás, de la enfermedad que pronto cobraría la vida del realizador, aunque, cuando filmó El sacrificio, todavía no sabía nada sobre el cáncer que le esperaba. Esta premonición cinematográfica se suma al misticismo que envuelve a otra anécdota, relatada por la narradora, en la cual un médium le habría advertido a Tarkovski que sólo llegaría a filmar siete películas antes de morir.

Por otro lado, el documental se detiene sobre el exilio del director soviético, quien estuvo forzado a vivir los últimos meses de su vida fuera de su país, separado incluso de su hijo, a quien pudo ver, permiso oficial mediante, solamente tras la confirmación de su enfermedad terminal. A pesar de estas adversidades, Tarkovski terminó de ensamblar El sacrificio desde su lecho de muerte.

A medida que avanzan los minutos, Marker ofrece interpretaciones de los símbolos y significados que habitan las películas de Tarkovski. El francés señala la presencia de los elementos naturales en las obras del ruso –la tierra, el aire, el agua y el fuego– y nos da a entender que el realizador se posicionaba como un quinto elemento creador. Tarkovski se opuso al estilo Hollywoodense, y si los encuadres convencionales del cine mainstream, según Marker, tienden a mirar desde el suelo hacia el cielo, entonces Tarkovski filma desde el cielo hacia el suelo, como si fuera un dios que juzga los actos.

Me pareció un documental interesante, en especial para alguien que no conoce las obras del cineasta retratado. Es una película fluida, no aburre, y aunque tampoco divierte, precisamente, sí entretiene e informa sobre una nueva manera de ver cine.

<a rel=”author” href=”https://plus.google.com/107005891006004217533“>Maximiliano R. Esposito</a>

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