Festival de Mar del Plata: Nosilatiaj. La belleza


Es una película muy interesante. Tuvimos la fortuna de que la directora, Daniela Seggiaro, estuviera en la proyección y compartiera con la audiencia algunos datos de cómo hizo su película. Se trata de un film cargado de símbolos, una película que, al retratar los prejuicios y maltratos sufridos por la protagonista, una joven wichi que trabaja como criada en la casa de una familia criolla, lanza de manera silenciosa un grito al cielo en protesta de los acontecimientos narrados. La trama transcurre en Salta, específicamente la zona que conforma el Gran Chaco, y algunos de los actores pertenecen a la comunidad wichi en la vida real, lo que le agrega un interés especial a la cinta.

Hay varias escenas impactantes en este film, que estuvo en la Berlinale y en el BAFICI, donde dio mucho de qué hablar (en efecto, hay bastante para discutir). Un detalle que no puedo sacarme de la cabeza, y que según Seggiaro es común (por no decir habitual) en muchos hogares salteños, es la presencia de la siguiente leyenda en la vivienda criolla: “Esta familia es católica. No se permite otras doctrinas en esta casa. Gracias por respetarnos”. Esta inscripción es, según mi criterio, una ironía en sí misma. ¿Cómo es posible pedir respeto cuando uno no respeta a los demás?

Nos metemos de lleno en la trama, entonces. Se habla de “belleza” en el título (y no solamente la física), y en efecto, la protagonista –de nombre Yolanda– es bonita, con su  pelo largo y trenzado. Cuando se lo cortan, aunque no pierde nada de su gracia, ya no resulta ser la misma. El pelo largo y trenzado es una característica de la cultura wichi, y al cortárselo, la protagonista resigna parte de su identidad.

Creo que lo que el film quiso transmitir es que la belleza es lo que somos, con nuestros defectos y virtudes. Es decir, en nuestra imperfección está nuestra belleza. La protagonista es básicamente una sirvienta, y nunca logra integrarse a la familia criolla. Yolanda percibe cómo quienes la rodean son indiferentes hacia su cultura, al mismo tiempo que ella se aferra a sus orígenes. Tanto el principio como el final de la película puntualizan el tema del corte de pelo, y aunque cada espectador arribará a sus propias conclusiones respecto a las implicancias de este acto, según mi interpretación, formula una queja social e histórica sobre el genocidio de los pueblos originarios y la usurpación de su cultura.

Recomiendo este film para poder abrir la mente y reflexionar sobre los problemas culturales y sociales de la actualidad, y para pensar sobre el hecho de que, por un lado, se habla de democracia, mientras que por otro lado, no se sabe hasta qué punto esta democracia está arraigada a la sociedad, especialmente cuando todavía restan deudas históricas que no han sido saldadas.

<a rel=”author” href=”https://plus.google.com/107005891006004217533“>Maximiliano R. Esposito</a>

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