Impresiones BAFICI: Sangre de mi sangre y Tabu



Dos de las películas más interesantes del festival fueron producciones portuguesas. No tienen mucho en común más que eso, aunque ambas, es cierto, hablan de alguna manera sobre la marginalidad. Tabu refleja cómo la época colonial y su legado racista son imaginadas desde nuestro presente, mientras que Sangre de mi sangre se desarrolla en un barrio pobre de Portugal – una villa miseria a la europea – donde los protagonistas viven en construcciones claustrofóbicas conectadas por pasillos sinuosos. De todas formas, los dos filmes expresan sus ideas de formas diferentes e incluso pertenecen a dos universos cinematográficos distintos. Las comparo porque, de alguna manera, representaron lo mejor del BAFICI y porque su nacionalidad establece un vínculo fácil desde el cual pensar dos visiones del cine.

Sangre de mi sangre, del director João Canijo, opera dentro de un registro aparentemente realista y natural, aunque quizás no sea muy feliz usar aquellos términos. Como bien muestra esta película, lo ficticio y lo performativo no es territorio exclusivo de obras teatrales y cinematográficas. Cuando hablamos de una obra realista, a veces se tiene la impresión de que estuviera despojada de artificio. Pero la vida misma es un sinfín de ficciones que se superponen, trabajos actorales que cada persona despliega en su contexto social. No siempre revelamos nuestra esencia personal – si es que existe – ante los demás, sino que normalmente medimos y articulamos cómo queremos expresarnos para ser entendidos o para lograr algún efecto en las personas que nos rodean. Es así cómo los personajes de Sangre de mi sangre utilizan el lenguaje, como una herramienta para relacionarse, interactuar, intimidar, obligar y presionar al otro. La cámara y la puesta en escena se limitan – aparentemente – a observar desde una distancia.

Tabu es diferente, porque sus personajes no se muestran tan autónomos como los de Canijo. Por lo contrario, parecen subordinados a la estética que los engloba. El director Miguel Gomes rescata estilos del cine mudo y el cine clásico de Hollywood, para construir una visión del colonialismo africano totalmente inverosímil y romántica. Entre muchas cosas, Tabu es sobre la distancia del pasado, y cómo nuestros productos culturales – en este caso las películas – colorean nuestra idea del mismo hasta transformarlo totalmente. El filme trata sobre Aurora, una anciana que vive en Lisboa. Su vecina, una cincuentona caritativa y cristiana llamada Pilar, se obstina en ayudarla, hasta que la vieja muere al poco tiempo. De la nada, aparece el antiguo amante de la difunta, Ventura, y este empieza a contar el amor que disfrutó con ella cuarenta años atrás. La segunda parte de la película, entonces, muestra cómo Pilar se imagina la historia que le cuenta Ventura, que transcurre en algún país africano – no se especifica el nombre – durante la colonización portuguesa. Por lo tanto, durante este tramo de Tabu, los personajes se mueven al ritmo de una estética que Pilar aprendió del cine, de las películas que vio sobre aquella época.

Pareciera que, si los personajes de Sangre de mi sangre son libres de expresarse libremente, los de Tabu se encuentran más estrictamente fijados dentro de una lógica de género, como si se tratara de una película romántica clásica o de un film sobre adolescentes de los años 1950. Canijo se ubica más cerca del director francés Jean Renoir, con sus tomas largas, su capacidad para mostrar varios personajes en una misma toma y su gusto por la gestualidad de los actores. Aunque no la considero una interpretación correcta, vale recordar que Renoir fue llamado un “director invisible”, justamente porque dejaba que sus actores jueguen delante de la cámara. De todas formas, las raíces de Canijo no llegan sólo hasta Renoir, sino que también se nutren de Antonioni. Como el gran director italiano, Canijo se obsesiona por lo arquitectónico, por la manera en que nuestras estructuras nos encierran y dirigen nuestros movimientos. Su cámara enmarca a personajes que, a su vez, se enmarcan en ventanas y puertas, cuadros dentro de otros cuadros. Al mismo tiempo, cuando esta cámara se mueve, parece descubrir los flujos entre los diferentes mundos de una misma casa: el mundo living, el mundo cocina, el mundo patio y todas las tramas paralelas que se desarrollan en cada sitio.

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